Peligro de fuego

| Uruguay no tiene una normativa clara de prevención de incendios. Para comprobar cómo nos cuidamos del fuego Qué Pasa recorrió con un especialista internacional varios edificios públicos y privados, incluyendo el Palacio de la Luz, el lugar del peor incendio reciente.

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NAUSÍCAA PALOMEQUE

Era de madrugada y los vecinos empezaron a sentir explosiones y humo que salía del piso 8 del Palacio de la Luz. Esa noche, cinco mujeres murieron asfixiadas y se destruyeron los pisos superiores. El incendio evidenció las debilidades del edificio, las carencias en la protección contra incendios en los medios urbanos y la ausencia de una normativa actualizada.

Catorce años después el edifico mejoró sus instalaciones y sus empleados han desarrollado una cultura de prevención de incendios con cursos de capacitación y simulacros de evacuaciones. Pero las medidas son insuficientes y la normativa sigue faltando.

Del uno al diez, cuatro, calificó el ingeniero industrial mecánico especializado en incendios Federico Cvetreznik, con quien se recorrió el edificio y analizó las medidas tomadas. Cvetreznik es responsable en América Latina de la consultora internacional de incendios IFSC, International Fire Safety Consulting, (IFSC), con base en Washington. La falta de rociadores automáticos, las puertas con vidrios en las escaleras de emergencia y la consigna de una evacuación de un promedio de 1.500 personas en tres minutos son los problemas más serios que encontró el ingeniero. Ninguna de esas medidas es aceptada por los criterios internacionales de seguridad. Sin embargo, es la política de seguridad del edificio.

En realidad, a las autoridades de UTE les pasó lo que a cualquiera que tiene que encargarse de la seguridad ante incendios de un edificio: no hay normas precisas a la que apegarse.

En 14 años no hubo ningún incendio comparable con el de este edificio emblemático de la ciudad. Pero desde entonces hubo 92 derrames y derrumbes por incendios de gran dimensión en Uruguay, la mayoría en industrias y cárceles. Y en cuatro años, desde 2003 a 2006, murieron 65 personas en incendios registrados por bomberos. Antes predominaban los incendios en viviendas precarias, hoy son tantos como los que ocurren en viviendas de clase media y alta, sobre todo donde viven ancianos, explicaron en Bomberos.

A pesar de tantas muertes, se habla muy poco de los incendios en la ciudad. Mucho menos de la seguridad de los edificios donde viven y transitan con frecuencia los uruguayos.

Tampoco se hablaba de incendios en Argentina y Paraguay, hasta que ocurrieron. En 2004 en esos países vecinos hubo dos incendios que terminaron en tragedia. Y que generaron una mayor preocupación ante esa clase de imprevistos.

El 1° de agosto en el supermercado Ycua Bolaños morían casi 400 paraguayos y había más de 500 heridos. El 30 de diciembre en Buenos Aires morían 194 argentinos durante un recital de la banda de rock Callejeros, en la discoteca Cromañon. En ambos incidentes no se cumplía ningún tipo de regulación.

Para conocer la situación de la seguridad contra incendios en Montevideo se recorrieron distintos edificios de Montevideo con el ingeniero Federico Cvetreznik, especialista en el tema, que trabaja para la consultora IFSC, cuya normativa es la que usa como referencia, sólo como referencia, la Dirección de Bomberos.

Con Cvetreznik se visitaron lugares públicos y privados de Montevideo donde concurre mucha gente: el Hospital de Clínicas, la Intendencia Municipal de Montevideo, la discoteca Macarena y el shopping de Punta Carretas. También se recorrió el Palacio de la Luz, para saber qué medidas se tomaron desde el incendio más trágico de los últimos años. El resultado de las visitas es preocupante (ver recuadros), más aún porque no hay una normativa que legisle con precisión cuáles deben ser las medidas a tomar contra incendios y depende del criterio del inspector de bomberos que realice la inspección.

La lucha de bomberos

"Desde el punto de vista de la previsión de incendios en edificios Bomberos está en una situación de colapso, porque no damos abasto a atender las solicitudes y a dar respuestas en tiempos razonables", dijo el director nacional de Bomberos, Raúl Perdomo.

El jerarca explicó que ha llegado a tener 40 pedidos por día. Este año fueron resueltos más de cinco mil trámites, pero hay casi mil que fueron pedidos y aún están en proceso. Hasta que no se concreten esos trámites la intendencia no habilitará el uso de esas construcciones, salvo las viviendas destinadas a grupos familiares, según la ley 15.896, de prevención y defensa contra incendios. El atraso se debe al funcionamiento de Bomberos y, otra vez, a la falta de una normativa adecuada.

A diferencia del resto del mundo, en Uruguay son los bomberos los que tienen que diseñar la estrategia de protección, que queda librada "al criterio personal de cada inspector" que se maneja con las mínimas normativas que hay legisladas en detección de incendios: iluminación, señalización de seguridad, extintores, bombas, red hidráulica.

La Dirección Nacional de Bomberos recibe los proyectos de los estudios de arquitectos y hace un plan para cada caso. Eso implica tiempo y aumenta las posibilidades de errores que se pueden cometer al no contarse con una norma específica. Esto atrasa los procedimientos, las entregas de las medidas y obliga a flexibilizar los criterios. El director nacional de Bomberos aspira a que se establezca una norma con medidas específicas de seguridad contra incendios para los distintos edificios y que ellas permitan que cada obra oriente su construcción en función de la misma.

La tarea de Bomberos sería inspeccionar que las medidas fueron tomadas, y aprobarlas o rechazarlas. Perdomo entiende que la normativa debería elaborarse entre los distintos actores de la construcción: la facultad de Arquitectura y la de Ingeniería, los promotores de la construcción, bomberos y las intendencias.

El proyecto original para reglamentar la ley de seguridad en incendios generó muchas resistencias en la industria de la construcción. Y el decreto finalmente aprobado, el 333, de 2000, terminó siendo mucho más vago y permisivo.

En él se establecen normas generales para los edificios destinados a viviendas de más de un núcleo familiar; se aplica a las construcciones nuevas y a las modificaciones de las que ya existen. Además, explica que aquellos edificios cuyo destino no sea ser vivienda deberán cumplir con esos requisitos.

Entre ellos exige y explica la disposición de las bocas de incendio, los distintos tipos de extintores, los detectores de humo y calor, la iluminación de emergencia, la señalización, las medidas que deben tomarse en la instalación eléctrica, en los distintos edificios, según la cantidad de pisos que tengan. Nada más.

Cuando los inspectores van a revisar los edificios tienen como referencia la normativa internacional, que es mucho más detallada y especifica las medidas para cada tipo de edificio, por construir y ya instalado: comercios, hospitales, ocupaciones para enseñanza, cárceles, viviendas familiares, edificios de apartamentos, hoteles, depósitos y demás.

Allí también se reglamentan criterios en seguridad: las máximas distancias que un ocupante debe recorrer para salir de un edificio incendiado, la cantidad de salidas de emergencia que debe tener cada ocupación, los anchos de esas salidas, sobre todo, en los edificios con mucha gente, donde las evacuaciones son multitudinarias, la necesidad de crear compartimentos que permitan aislar el fuego en un sitio y poder trasladar a la gente a espacios seguros.

También está la exigencia de rociadores automáticos, que, con el aumento de la temperatura, lanzan chorros de agua en forma inmediata y pueden frenar un incendio a tiempo, antes de que llegue bomberos, sobre todo en edificios de altura. En Uruguay sólo se exigen a partir del piso 12 en las estructuras de hormigón y mampostería y a partir del siete en edificios construidos con otros materiales. Con esa medida, explicaron en Bomberos, sólo se aíslan esos pisos, y además, la persona que desciende debería, lógicamente, atravesar las plantas de abajo. En Bomberos suelen recomendar los rociadores en todos los edificios de altura, pero no pueden exigirlos.

Ninguna de estas medidas están previstas en el decreto uruguayo y los bomberos utilizan esas pautas para sugerir, pero la decisión depende del criterio y la voluntad del que construye, porque esas pautas no son obligatorias, y terminan siendo consejos.

La noche del peor incendio

Lo que más impactó a los vecinos del Palacio de la Luz la madrugada del 13 de agosto de 1993 fueron las explosiones del edificio: los vidrios que estallaban y los revoques que se desprendían y caían. La propagación del fuego fue tal que no hubo mayor margen de maniobra. "Como si en 20 minutos se hubieran prendido fuego cuatro manzanas, una de las peores catástrofes que vi en mi vida", decía a El País el entonces inspector principal de bomberos Reynaldo Albornoz.

En el noveno piso del Palacio estaban las empleadas del servicio de limpieza, que trabajaban tarde para no interferir con las demás actividades de UTE. Cuando vieron lo que sucedía, decidieron esperar que las vinieran a buscar, pero, como sucede en la mayoría de los incendios, murieron asfixiadas. Las estadísticas mundiales indican que 75% de las muertes en los incendios se deben a la inhalación del humo, no a las quemaduras. Se encerraron en una sala del noveno piso, al lado del despacho del presidente, que entonces era Alberto Volonté. Las paredes de la habitación tenían lambriz y el incendio las consumió. Cuando llegó Bomberos, encontraron los cuerpos calcinados, tanto que no podían reconocerlos y tuvieron que contrastar los nombres con la lista de las empleadas que lograron salir.

El informe de Bomberos concluyó que la causa sería accidental y manejaron varias opciones. La más probable es que haya sido un corto circuito en la luminaria eléctrica. También se pensó que podría haber quedado enchufado alguno de los hornitos con resistencia que el personal de limpieza utilizaba para derretir la cera, la misma que, según las crónicas de la época, contribuyó a expandir el fuego.

Según las declaraciones de los vecinos y la gente que sobrevivió, el fuego se inició en el octavo piso sobre la calle Paraguay, donde funcionaba la gerencia general de UTE. Desde allí se extendió hacia los pisos superiores.

Las consecuencias fueron terribles: cinco muertos y cuatro pisos destruidos. El piso siete no se prendió fuego, pero los bomberos combatieron el fuego desde allí y quedó muy dañado por el agua. El octavo quedó totalmente destruido, el noveno con muchos daños y el décimo con algunos sectores arruinados.

En 1993 los empleados del Palacio no estaban preparados para evacuar y las medidas de prevención eran las mínimas exigidas. No se monitoreaba el edificio, como hoy se hace, no había censores para captar un incendio ni luces de emergencia. Tampoco había aire a presión en las escaleras, para oxigenar el ambiente. Según el responsable del edificio, el ingeniero Javier San Cristóbal, si hoy se desatara un incendio, dichas medidas evitarían una tragedia.

Mejoras dudosas

La reconstrucción total del edificio llevó tres años. Se pidieron autorizaciones en el Poder Ejecutivo para agilizar las importaciones y contratar en forma directa los servicios necesarios. Después del incendio se instaló una guardia de bomberos permanente en el edificio y hoy hay un encargado que cubre la zona que abarca un radio de unos 200 metros desde el Palacio, incluyendo la Central Batlle, los almacenes y los archivos de UTE. San Cristóbal explicó que los bomberos recorren el lugar, verificando que las puertas de salida estén cerradas.

Si hoy hubiera un incendio en el Palacio, sería detectado por el centro de vigilancia permanente que se instaló después del incendio, aseguró el ingeniero. El sistema incluye 1.800 censores de humo y 70 cámaras de televisiones instaladas desde la azotea hasta los alrededores del edifico. Los operadores del centro tienen un protocolo. Si detectan un posible incendio, avisan al bombero que está en la zona y uno de los encargados va hasta el lugar donde se ve el humo para verificar que no sea una falsa alarma.

Las sirenas con sonido intermitente indican a los ocupantes que hay que estar alerta: apagar las computadoras, agarrar la ropa y el bolso y estar atento para una posible evacuación. Si se confirma el incendio, se enciende la alarma con sonido continuo, que indica que hay que evacuar el edificio.

Está previsto que desde el centro de control uno de los funcionarios asuma la responsabilidad total del edificio: dará las indicaciones para que la evacuación sea prolija, se comunicará con bomberos, las emergencias, la policía o el ejército. Además, en cada piso dos funcionarios son responsables de organizarla y de ayudar a los discapacitados. Los chalecos naranjas con que se identifican están colgados en los percheros de las oficinas.

Si la persona no puede salir de su oficina al pasillo, puede cruzar a la oficina de al lado. Hay puertas y paredes que por su composición postergan por unos minutos que pase el fuego. Una vez en el corredor se llega a la salida, porque estos dan vuelta a todo el edificio y permiten que desde cualquier sitio se llegue a las dos escaleras de salida. Los carteles indican el camino a seguir.

Allí comienzan los problemas. Para evacuar a todo el personal las escaleras deberían ser enormes, sobre todo en una situación real de riesgo, no un simulacro, que incluye nervios, tropiezos y gente que se cae y amontona.

Para evacuar a sus 1.500 ocupantes el Palacio tendría que tener dos escaleras de salida de unos 5,70 metros de ancho cada una, según los criterios internacionales que prevén un espacio para que las personas se puedan desplazar sin problemas.

Pero las escaleras del edificio no llegan a metro y medio, así que sólo podrían permitir desalojar en forma correcta a 368 personas. Por eso, los edificios tan altos y con tanta población tienen que apostar a los rociadores y a la evacuación por zona.

El criterio más sensato en el Palacio sería la instalación de rociadores, que actúan de forma inmediata y evitan que el fuego se expanda a otras zonas del edificio. De esa forma el incendio se podría aislar y evacuar solo la zona afectada. Este criterio está en la norma internacional NFPA 101, la que utilizan los bomberos como referencia para revisar daños y aconsejar, pero como la legislación actual es muy laxa, no es ilegal ni obligatorio aplicarlas.

El panorama empeora porque las puertas de las escaleras de salida no cierran bien y tienen vidrio, que puede transmitir el calor y propagar el incendio. Las escaleras deben ser un lugar cerrado, por el que no ingrese ni fuego ni humo. Por eso, el sistema de protección del Palacio garantiza que la gente llegue a las escaleras de salida, pero no que salga del edificio.

En el Palacio admitieron que deben revisarse las puertas, pero insisten en evacuar todo el edificio. "Nuestro énfasis está en la gente, que no se queme gente, que no se intoxiquen, que no se mueran asfixiados", dijo San Cristóbal. Y explicó que durante los simulacros las evacuaciones se realizan en un promedio de tres a cuatro minutos. Ese es el tiempo que llevaría llegar desde cualquier parte del edifico a las escaleras, descenderlas, salir del edifico y llegar por lo menos a 100 metros del Palacio. El problema se plantearía en situaciones reales, no en simulacros.

La acción de un rociador es inmediata y más rápida que una manguera, reconoció el ingeniero responsable del edificio. Pero explicó que el agua de los rociadores es más dañina que la de las mangueras, ya que nadie utiliza una manguera en una falsa alarma y los rociadores funcionan cuando aumenta la temperatura y pueden destruir documentos.

Tampoco ayuda el mobiliario del edificio. Después del incendio, se lo cambió desde el piso 7 hacia arriba, buscando que sea lo menos combustible posible: mamparas y puertas que separan despachos de amianto y yeso no combustibles, placas de cielo rasos del tipo que no propaga el fuego. Pero hacia abajo, las condiciones son iguales a las del incendio: mucha madera y material sintético.

Una de las medidas tomadas acertadas fue la instalación del helipuerto en la azotea del edifico, confirmó Cvetreznik. Durante el incendio de 1993 quienes estaban en el piso 10 fueron desalojados por la azotea con un helicóptero. Pero esa situación no estaba prevista, el lugar estaba lleno de antenas, no había luces y el helicóptero no podía aterrizar. Los bomberos rescataron a las cinco personas que estaban con sogas y una grúa de rescate.

Por eso, dentro del plan de reconstrucción se incluyó un helipuerto arriba del piso 12: una superficie plana y limpia con luces, con un cono de viento rojo para que el piloto pueda ver la dirección del viento y unos cañones de espuma que permiten extinguir el fuego combustible.

El recuerdo de la tragedia siguió a los funcionarios durante años, tanto que seguían sintiendo el olor a quemado. Hoy, los simulacros de incendios y las distintas medidas tomadas los tranquilizan, tanto que se permiten las bromas: si desaparece un documento viejo, la respuesta es: "desapareció en el incendio".

Bastante mejor

Siete años después del incendIO del shopping de Punta Carretas se reconocen varias medidas contra incendios, pero para el especialista internacional Federico Cvetreznik son insuficientes.

Durante el incendio, en noviembre de 2000, se dañaron 10 locales, la mayoría ubicados sobre la calle Ellauri. El incendio no tuvo víctimas fatales y en un par de semanas estaba funcionando casi todo el centro comercial.

El incendio comenzó mientras se soldaban los techos de tercer nivel, donde se estaban construyendo salas de cine. Algunas chispas cayeron encima de un colchón en un depósito de un local de Grandes Tiendas Montevideo. El colchón se prendió fuego y las llamas se expandieron por el comercio y los locales aledaños.

Con ese antecedente, el Punta Carretas Shopping ha procurado cuidar su seguridad contra incendios.

Según Cvetreznik, que realiza esta clase de inspecciones en todo el continente, el centro no tiene extractores de humo, claves en un centro comercial con varios pisos con gente circulando y donde el humo se expande fácilmente. La instalación de extractores es una de las exigencias de la normativa internacional para centros comerciales, también los rociadores y sensores de humo. Los rociadores permitirían controlar los inicios del incendio, que son fundamentales cuando se combinan gran concentración de gente y combustibles.

En todo el Punta Carretas abundan los extintores y los gabinetes para mangueras, y hay sensores y sistemas de alarma instalados en los locales, afirmó Cvetreznik. En los corredores no hay ninguno, a pesar de que allí también puede generarse un incendio porque se ha llenado de puestos donde venden materiales combustibles como perfumes, adornos de plástico y madera.

Igual, en el subsuelo del centro hay un destacamento, con un camión y cinco bomberos, que está al servicio del shopping, y de toda la zona de Punta Carretas y Pocitos.

En la tienda de ropas Zara, donde todas las exigencias se cumplen. "Seguro que está perfecto", auguró Cvetreznik, porque la marca se maneja con criterios de protección contra incendios españoles. Del uno al 10, calificó al local con un 10: extintores y mangueras, detectores de humo y alarmas bien señalizadas, y en el techo los famosos rociadores, ausentes en el resto del edificio.

La salida del edifico fue desalentadora: las escaleras de salida no son cerradas, salvo una extraña excepción. Junto a las salas de Moviecenter hay una puerta de emergencia que cumple con todos los requisitos: es cerrada, tiene extintores con manguera, pero al final del recorrido hay un detalle inesperado: el hall del shopping.

El panorama en el otro centro privado visitado es preocupante. Ni extintores ni gabinetes con mangueras, ni detectores de humo ni rociadores automáticos. Nada de eso se vio durante la visita un viernes de noche a Macarena, una discoteca de la calle Juncal, en la Ciudad Vieja. A la discoteca asisten, informaron en el local, unas 1.500 personas. Por eso, en la escala del uno al 10 que diseñó el ingeniero Cvetreznik, sólo obtuvo tres puntos.

La discoteca tiene una entrada principal con tres puertas de vidrio abiertas, de 1,20 metros de ancho cada una, que permitiría que egresaran 900 personas, por eso, considerando que la otra salida es chica, oscura y está casi escondida, ese sería el número máximo de asistentes. Pero las posibilidades se achican mucho porque una de las puertas está bloqueada por un detector de metales, donde el personal de seguridad revisa a los que ingresan. Además, afuera del local, en la vereda, hay una valla metálica para organizar la cola de la gente que va a entrar a la discoteca. La valla se extiende sobre dos puertas complicando una posible evacuación. Las otras dos puertas están bloqueadas. En definitiva, sólo una puerta está habilitada: la única utilizable en todo su ancho.

Adentro del local una escalera enorme, de seis metros de ancho conduce al primer nivel, donde se ubica la pista de baile. El techo de la pista no tiene decoraciones combustibles, pero en el fondo hay un escenario, repleto de cables, enchufes, parlantes e instrumentos musicales que podrían hacer un cortocircuito y propagarse por una cortina de material sintético que envuelve todo el escenario.

Los cambios en el acondicionamiento de las discotecas conspiran contra la seguridad de las personas, concluyó el inspector nacional de bomberos, Raúl Perdomo. La escasa iluminación, las decoraciones de material sintético, la cantidad de alcohol que hay -ambos combustibles-, el humo interior, los distintos niveles y recovecos de los locales dificultan el trabajo de bomberos y las evacuaciones. La cantidad de alcohol que se bebe también preocupa al inspector: "Me pregunto si saben por dónde salir".

El problema en las discotecas, además, es que suelen instalarse en lugares que no fueron diseñados para discotecas: viejos depósitos, fábricas, tiendas y bomberos de flexibilizar sus medidas a la estructura establecida. Perdomo admite que muchas veces tiene que hacer excepciones. Por ejemplo, en la exigencia de dos salidas.

Debe rendir más

Las medidas de seguridad contra incendios en la Intendencia Municipal de Montevideo son muy escasas. Tanto, que después de recorrerla y analizarla, el ingeniero especializado en el tema sólo le dio dos puntos en una escala del uno al 10, a pesar de que la comuna cuenta con un servicio con bombero de guardia.

El hall del municipio no tiene ninguna medida de seguridad contra incendios. El 16 de noviembre, el salón estaba lleno de material combustible: una exposición de fotografías enormes y adentro, una carpa de plástico. No había ningún extintor, ningún gabinete con mangueras ni sensores ni nada que pudiera combatir un incendio. "Acá no hay nada, se puede prender fuego todo", confirmó un guardia.

Si hubiera un incendio, la salida del atrio sería muy complicada. Esa tarde había un centenar de personas recorriéndolo y de las nueve puertas disponibles sólo una estaba abierta. Las otras ocho no podrían abrirse de inmediato: habría que sacar los dos cajeros instalados delante de dos puertas, las cerraduras con candados que trancan las otras cinco puertas y sacar el tablón de madera que tranca a la otra. La misma situación fue verificada en dos visitas más.

No hay señales claras que indiquen la salida a Soriano ni que hay otra en el túnel de San José. En el primer piso hay un atrio con dos escaleras totalmente abiertas que comunican la planta baja con el resto de los pisos del edificio. Por lo tanto, si hubiese un incendio en el atrio, el humo se propagaría por todo el edificio.

En el área de pagos que da a Soriano apareció el primer extintor, escondido en un rincón del piso. Allí había una sola puerta abierta, las demás estaban clausuradas con unos tablones.

Subiendo por los ascensores aparecieron los extintores en forma regular, nuevos y con gabinetes para mangueras. Pero en ningún lugar se vieron rociadores ni sensores de humo y los carteles que indican la salida son muy chicos y algunos están mal puestos, tanto que siguiendo uno, se llega a una oficina y no a la escalera que lleva al hall.

Al mediodía, en el sector de tránsito había unas 100 personas. En ese tipo de ambiente, explicó Cvetreznik, debería haber por lo menos dos salidas distanciadas, por si alguna se anula por el incendio. Pero hay una sola salida y conduce al hall. El gabinete para la manguera está colocado detrás de los escritorios, así que el bombero tendría que atravesar los escritorios llenos de papeles y la gente arrinconada.

Las pautas internacionales indican que deben colocarse en un sitio seguro y de fácil acceso, para que los bomberos combatan el fuego sin riesgos. En el piso se ven dos bomberitos, debajo de un mueble. "Mirá dónde están, no tenía idea", comentó la funcionaria.

Comuna con peligros

"Del uno al 10, dos", calificó al Hospital de Clínicas el ingeniero especializado en incendios, Federico Cvetreznik. El edificio tiene serias carencias, a pesar de que su estructura arquitectónica, aunque vieja, permitiría tomar medidas seguras y poco costosas.

El hospital tiene cuatro escaleras para subir y bajar el edifico. Dos están junto a los ascensores, pero no permitirían una evacuación porque llevan al subsuelo, y en caso de un incendio la escalera debe asegurar la salida hacia el exterior. A ambos costados hay dos escaleras más, diseñadas para evacuar.

Su diseño es adecuado, porque son cerradas, recorren el edificio y se comunican con cada piso. Esa estructura permitiría que la gente salga del edificio en forma segura. Si no estuvieran clausuradas en su salida. También necesitarían pasamanos, fundamental en un local donde los ocupantes son enfermos. No los tienen.

La escalera que queda a mano izquierda se ubica a la altura de Las Heras, pero el paciente que llegue hasta ella en un incendio nunca podrá salir del edificio. En algunos pisos las puertas no tienen cerradura y se llenarían de humo; en otros tienen puertas cerradas con candados, lo que imposibilita entrar a la escalera.

Aunque la persona tuviera la suerte de ingresar a un piso con puerta cerrada y sin candado, tampoco saldría del edificio. La última puerta está tapada con una pared de madera que bloquea la salida y obliga a subir de nuevo. Al parecer ese rincón interior del edificio se utiliza para fumar, porque estaba lleno de colillas y cajas de cigarrillos.

El panorama en la otra escalera es más desolador todavía. Hay puertas clausuradas con un cartel con letras de molde, que en algún momento decían emergencia y perdió algunas consonantes; una señora que aparentemente cuida un helecho de más de un metro colocado exactamente en el medio de la puerta de salida (que de todos modos está cerrada, así que no toda la culpa es del helecho) en un piso. En otro piso, un depósito de camas rodeando la salida, además del candado. En el piso de abajo se puede ver la salida al exterior por un agujerito de la puerta, también clausurada. Por ahí no se sale.

Recorrer el edificio es difícil, por su tamaño y complejidad, pero también porque no está bien señalizado, con la excepción de un par de puertas con unos carteles escritos en una hoja de papel con lapicera: "Salida".

El hospital no tiene rociadores automáticos, claves en un edificio de altura con mucha población y con ocupantes que no siempre podrán bajar las escaleras: enfermos, pacientes en camillas, en sillas de ruedas, con heridas. Ellos deberían ser trasladados a áreas de refugio dentro del hospital, que se definen aislando zonas con materiales no combustibles y puertas autocerrantes, de forma tal que puedan ser trasladados de un sector de incendio a otro aislado, fuera de peligro y sin utilizar las escaleras. Nada de eso está previsto.

En cada piso hay por lo menos un extintor en buen estado, que sirven para apagar pequeños incendios: papeles, bibliotecas, pero no para afrontar un fuego de mayor dimensión. Las mangueras del edificio están en mal estado, a la mayoría de los gabinetes le faltan las mangueras y la válvula para que Bomberos la conecte. Además, en un edifico de altura es difícil acceder a los pisos de altura para utilizarlos. No hay rociadores, ni sensores de humo.

Los edificios modernos, explicó el inspector de Bomberos, Raúl Perdomo, tienen rociadores y se desarrollan en forma horizontal, como criterio de seguridad.

Perdomo reconoció que en el Hospital de Clínicas hay muchas carencias:

-Es una decisión terrible no darle la habilitación a un centro que atiende a tanta gente.

-También sería terrible que hubiese un incendio.

-También, es cierto. Es muy delicado.

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