"A los niños nadie los atendía"

| Un uruguayo en la tragedia de Haití: Maximiliano Pérez es parte de Un Techo para mi País; ayudó en un hospital, clasificó a los enfermos y retiró cadáveres.

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C.T.

Frente a los edificios derrumbados, entre los escombros y los cadáveres, miles esperaban la locomoción que los sacase de la ciudad. Los más afortunados cargaban una valija con las pocas pertenencias que pudieron juntar; otros no llevaban más que lo puesto. De vez en cuando se escuchaban gritos de desesperación y llantos. La gran mayoría pedía ayuda: agua, comida o asistencia médica. El olor de los cuerpos en descomposición era insoportable. En medio del desorden, y a veces atropellado por quienes peregrinaban en dirección contraria, el uruguayo Maximiliano Pérez, subdirector de Un Techo para mi País (UTPMP), intentaba brindar ayuda. La tarea era difícil, pues más del 40% de Puerto Príncipe, la capital haitiana azotada por el fuerte terremoto del 12 de enero, quedó destruido.

Pérez nació hace 28 años en Paysandú y fue uno de los fundadores de la organización en Uruguay, la cual dirigió en 2006 y 2007, cuando fue trasladado a Ecuador para implementar Un Techo para mi País allí. Desde 2009 ocupa el cargo de subdirector de la oficina central, desde Santiago de Chile. Un día después de la catástrofe en Haití viajó hacia la ex colonia francesa y se quedó allí 10 días. Su misión era evaluar el terreno para la construcción de viviendas, pero terminó ayudando a miles de afectados en el Hospital Universitario de la Paz, uno de los pocos que no quedó destruido por completo tras el desastre que dejó cientos de miles de muertos y más de un millón de haitianos sin hogar.

-¿Qué fue lo que más le impactó de la tragedia?

-Sin duda la situación de los niños. Había muchos que estaban solos, que perdieron a sus padres y hermanos en el terremoto, y alguien los llevó al hospital. Nadie los atendía y cuando iban solos a la cola para cirugía siempre alguien se les ponía adelante. Las edades iban desde los seis meses a los 16 años. Algunos tenían quebraduras expuestas y otras heridas muy graves. Además estaban totalmente traumados por la situación. Recién cuando yo me vine llegaron 15 monjitas, que hace 20 años que trabajan en Haití, para encargarse de ellos.

-¿Cuáles fueron sus actividades en el Hospital?

-Como no soy médico ayudé en todo lo que tiene que ver con la logística, más que nada clasificando a los enfermos. De noche, por temas de seguridad, no podíamos permanecer en hospital, entonces cada mañana era como empezar de cero: había que organizar otra vez a los heridos y sacar los cadáveres. Separábamos entre los que tenían traumatismos leves, los que estaban graves y los pacientes que eran terminales.

-¿Qué hacían con estos últimos?

-Había que llevarlos a una habitación especial donde sabíamos que iban a tener poca atención más que el suministro de inyectables para calmar el dolor. Fue duro ver la cara de frustración de los médicos que nos decían: "Con estas personas no hay nada que hacer, no podemos gastar instrumentos ni recursos humanos. Hay algunos a los que podemos salvar y otros a los que no".

-¿En qué condiciones estaba el hospital?

-Fue uno de los menos afectados, pero igual había peligro de derrumbe. El primer día fueron unos arquitectos españoles y nos dijeron que con una réplica u otro sismo se podría caer, y que sólo podíamos utilizar la planta baja y los patios. Había unos 80 médicos cubanos que estaban a cargo. Yo llegué con la delegación de doctores chilenos y luego fueron españoles, canadienses y colombianos. No había mucho personal, entonces nadie sacaba la basura y los cuerpos estaban en la fachada del edificio; los médicos atendían en medio del desorden. El lugar tenía capacidad para 200 personas, pero había más de 500.

-¿Cómo era la situación en las calles?

-Hice algunos recorridos por Puerto Príncipe que fueron impactantes. Ir a los asentamientos más afectados es como caminar contra la corriente, porque desde allí todos intentan salir para los parques y las zonas más céntricas. Los cadáveres están por todas partes, entre los escombros, y el olor es súper fuerte, aunque después uno ya se va acostumbrando.

-En los últimos días se registraron saqueos y represión policial. ¿Cómo se movilizaba en una ciudad tan insegura?

-Tratábamos de trasladarnos siempre con protección. Cuando salíamos del hospital, de tardecita, nos llevaban a los campamentos en camiones de Naciones Unidas. De día nos movíamos sin peligro, con un traductor. Las personas nos trataban de manera acogedora porque sabían que estábamos para ayudar. Vi algunos desórdenes: saqueos aislados que acompañaban al caos y a la desesperación de la gente, que no estaban organizados ni eran algo en gran escala. El temor existe más que nada por la destrucción de la cárcel de Puerto Príncipe, que hizo que se escaparan 4.800 presos. Esto es lo que más conmociona a la ciudad.

-¿Dónde se alojó mientras estuvo en Haití?

-Me quedé en la base de la Fuerza Aérea junto con el personal médico chileno. Dormíamos en carpas, nos levantábamos a las 6.30 de la mañana y llegábamos a la base a eso de las 12 de la noche. La ayuda tiene que ser autosuficiente en lo que tiene que ver con agua, comida y transporte; todo está escaseando mucho y si llegábamos a comprar ahí, además de que los precios son súper caros, le estábamos sacando posibilidades a la gente que estaba allí. Llevamos latas de atún, cereales, chocolates y agua. El alimento y el agua que se consume en una mañana nos tenía que durar 36 horas; al principio no nos acostumbrábamos, pero tuvimos gran ayuda de los militares que nos enseñaron a racionar.

-La organización a la hora de brindar la ayuda humanitaria y repartir las donaciones se volvió una dificultad en Haití, más que nada por la desesperación de la gente. ¿Cómo evalúa esta situación?

-Estuvimos con los ministros de Comunicación y Vivienda y están totalmente colapsados. Al presidente me lo crucé varias veces en la sede de Naciones Unidas y estaba muy shockeado, el terremoto afectó a muchos de sus familiares y colaboradores. El problema es que es un país pobre donde no hay instituciones fuertes, y esto se vio reflejado en que la ayuda no se canalizó de manera organizada. Recién ahora se está abasteciendo a los más necesitados.

Un Techo construirá 10.000 viviendas

Un Techo para mi País se propone construir en Haití 2.000 viviendas antes de diciembre de 2010 y 8.000 más en los próximos tres años. Maximiliano Pérez, que viajó al país devastado para evaluar el terreno donde se podría edificar, espera que esta misión se pueda coordinar con la OEA, la ONU y el BID.

Bajo la consigna "La Tierra se movió para que miremos a Haití. Muévete tú. Te necesitamos para reconstruirlo", la institución ya hizo un llamado público a empresas y particulares para que brinden su ayuda.

-¿Quiénes serán los beneficiarios de las viviendas?

-Lo estamos evaluando muy bien porque asignar en los campamentos no sería viable, ya que cada uno de ellos tiene entre 3.000 y 5.000 personas. La idea es canalizar la asignación a través de hospitales; dárselas a quienes tienen lesiones severas, madres que están solas y ancianos. Estas personas no están en condiciones de ir a los campamentos donde hay infecciones y falta de agua y comida.

-En mayo comienza la temporada de ciclones, ¿cuándo piensan construir?

-Tenemos que esperar a que se estabilice un poco la situación, que todo lo que tiene que ver con alimentos y atención médica esté resuelto. Pero esperamos empezar a construir en un mes y medio. Somos conscientes de la temporada de ciclones e intentaremos edificar lo más rápido posible.

-¿Qué materiales utilizarán?

-Madera y polietileno. Va a ser la típica vivienda de madera que ya hicimos en otros países, con cimientos reforzados para resistir a los huracanes. Sabemos de los problemas que traen los grandes vientos, pero contamos con la experiencia de República Dominicana donde ya hay varios modelos probados.

-¿Qué diferencia hay entre Haití y las otras tragedias en que trabajó Un Techo?

-La magnitud. En el caso del terremoto de Pisco en 2007, por ejemplo, se trataba de una ciudad chica, tenía unos 800.000 habitantes; en Puerto Príncipe son 5.000.000. En Pisco casi todas las casas eran de adobe, al demolerse no afectaba tanto lo que estaba dentro de las viviendas; en Haití las construcciones eran de varios pisos y de bloques. En Pisco hay instituciones fuertes que lograron organizar la ayuda con rapidez; en Haití las instituciones son débiles y está todo muy disperso.

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