La Nación GDA
Atrás quedó el rumor. Shakira y el piloto de Fórmula 1, Lewis Hamilton, fueron vistos juntos. Luego de la crisis que acechó a la cantante durante 2022 cuando se vio envuelta en una polémica separación con el futbolista Gérard Piqué, hoy su corazón parece tener nuevo dueño. Se trata del reconocido deportistabritánico que además de su pasión por los autos, tiene debilidad por las olas, y no lo oculta: su hobby es el surf.
Pero no es el único. La intérprete colombiana también ha sido descubierta en más de una ocasión poniendo a prueba su destreza física arriba de una tabla de surf y wakeboard.
Dinámico y completo, el wakeboard se trata de un deporte moderno que nace de la fusión del esquí acuático, el snowboard y el surf; cautiva a grandes y chicos. Una alternativa ideal para los amantes de la naturaleza que disfrutan pasar tiempo en el agua y para los apasionados de los desafíos y de la adrenalina.
“Es una actividad recreativa y divertida, que tiene su parte técnica y es muy exigente desde el plano físico”, explica Mauro Tropini, médico traumatólogo y jefe del servicio de columna del Hospital Universitario Fundación Favaloro.
Durante su práctica, el rider, término que se acuña para apodar a los practicantes, se desliza sobre el agua en una tabla similar a la del snowboard mientras lo tira una lancha o una cuerda. En este recorrido, suele dar saltos y acrobacias.
Destreza y adrenalina son los pilares principales. En este ejercicio no hay nada librado al azar: pone a prueba todos los músculos del cuerpo que deben estar fuertes para mantener el equilibrio y evitar posibles caídas. Según Tropini, tiene que ver con un deporte completo donde se debe estar firme y tener resistencia. De esta manera, “se ejercitan los brazos que permanecen estirados para sostener la soga, la zona del core, que es fundamental tenerla sólida para lograr estabilidad y las piernas, que están en posición de sentadilla”, añade el especialista.
Por su parte, Jorge González Guedes, preparador físico de la Federación Argentina de Esquí Náutico y Wakeboard, comenta que durante esta práctica, la fuerza corre alrededor de todo el cuerpo “para permitirle a la persona moverse, soportar el cable y hacer trucos”.
Además, destaca la sensación de libertad que se desprende de la velocidad que se agarra al deslizarse sobre el agua como también por el entorno natural en el que se está inmerso.
Se puede hacer en el río, en lagunas o en lagos y cuenta con dos modalidades: “En los casos en los cuales se usa la lancha, el rider busca hacer trucos usando la estela. Pero con el cable, que puede ser lineal o circular, las pruebas se desarrollan en obstáculos y rampas flotantes que simulan ser un skate park”, describe el wakeborder argentino Walter Disch.
Lo curioso de esta actividad es que si bien se trata de una práctica individual, también tiene una cuota social porque implica el contacto con el otro, pero no solo para aprenderlo o enseñarlo, sino que los parques se convirtieron en clubes e invitan a las personas a reunirse, comer, tomar algo y escuchar música después de una sesión de wake.
Los inicios, no muy lejanos.
El año exacto de su creación es incierto, pero se estima que fue a finales de la década del ‘80 en los Estados Unidos. Pero si hay registro de algo es que nació gracias a un grupo de surfers en el estado de California que frustrados por la falta de olas, aplicaron su creatividad para seguir divirtiéndose con las tablas en el agua.
Así, se les ocurrió atarlas a una lancha y ser remolcados. Por instinto, empezaron a saltar el oleaje que hacía la estela. Sin imaginárselo, este invento empezó a sumar adeptos y obnubilar a los fanáticos de los deportes de agua.
Beneficios del wakeboard.
Tropini describe al wake como un deporte completo, que provee grandes ventajas a nivel físico y mental. Sin embargo, insiste en que hay que saber dominar la técnica “porque los errores se pagan muy caros”. Según menciona, entre las lesiones más comunes se destacan los problemas de columna, lumbares y cervicales, “principalmente por las caídas al agua, los golpes contra los elementos y por no saber pararse como corresponde”, aclara el médico.
De todas maneras, especifica que los aportes son muy valiosos y entre ellos menciona cuatro principales. De esta manera, se lo recomienda a personas de todas las edades, desde chicos a partir de los seis, siete años hasta adultos. Igualmente sugiere contar con un profesor al momento de aprender para lograr desenvolverse con precisión y soltura en el agua.
Tonifica los músculos: se trabaja el cuerpo en su totalidad porque cada extremidad debe hacer fuerza para mantener el equilibrio y sostenerse mientras se desplaza y hace piruetas. “Sobre todo se ejercitan las piernas, la zona media, los brazos y hombros”, aclara Tropini.
Protege las articulaciones: se trata de una actividad libre de impacto, que no tiene rebote; pone a prueba la resistencia utilizando el propio peso corporal.
Potencia el equilibrio y la fuerza del “core”: muchos mitos giran en torno a que es una actividad que fortalece únicamente las piernas. Sin embargo, el concepto es erróneo: “El “core”, le da la estabilidad al resto del cuerpo, tenerlo sólido, permitirá desenvolverse mejor”, sostiene el médico.
Brinda salud mental: el contacto con el agua y la naturaleza apacigua las emociones y calma la mente. Además, al estar enfocado en una sola tarea, permite desarrollar la concentración y liberar las tensiones y preocupaciones diarias.