Por Mamás Reales*
Aunque a priori pensar en rutinas para algunos pueda significar «aburrimiento», éstas tienen muchos beneficios, por ejemplo, ayudan a liberar espacio en nuestra cabeza para poder enfocarnos en cuestiones que nos enriquecen, como la creatividad y el aprendizaje. Cuando nuestro cerebro se acostumbra a hacer determinadas actividades, las empieza a hacer en automático ahorrando energía, lo que permite hacer lugar para lo importante.
Rutina viene del francés “rutine”, de “ruta”, y tiene que ver con ese camino que se abre y limpia una vez que lo atravesamos una y otra vez, de manera repetida, hasta que se instala. Así se construye la rutina, a través de la reiteración de acciones y pensamientos que luego se convierten en hábitos.
El psiquiatra norteamericano Daniel Siegel afirma que el cerebro no diferencia entre buena o mala rutina. Solo repite aquello que, a partir de nuestra voluntad y repetición, le indicamos que es “el camino”. Es lo que luego tendemos a hacer “sin pensar”; entonces, nada mejor que esforzarse un tiempo para instalar rutinas que nos sumen a largo plazo.
Lo increíble es que esta nueva capacidad o hábito que estamos intentado instaurar en nuestra vida «exterior», se está creando -literalmente- en nuestro interior, a partir de un circuito que conecta neuronas que al principio es débil, pero a medida que entrenamos esa habilidad, se va reforzando más y más, hasta volverse una ruta principal.
Marzo es un buen mes para generar lindas rutinas familiares, para reforzar los valores que queremos sellar en nuestra vida personal, familiar y de amistad. Sea lo que sea que queramos reforzar, ya sabemos la receta para que se vuelva habitual: entrenar y practicar.

Acá, algunas rutinas que creemos que suman:
- Encontrar un ratito recurrente cuando bañamos a nuestro bebé para conectar con él.
- Cantarle. Si cada día en la hora del baño le cantás una misma canción (capaz que la que te cantaban a vos cuando eras chica), vas generando recuerdos emotivos. Con seguridad, se la cantarán a tus nietos. Así funciona la rutina: se registra en nuestro cuerpo.
- Buscar por lo menos 10 minutos al cierre del día para sintonizar con cada hijo: a través de un cuento, una actividad, mimos o simplemente estar.
- Incorporar minutos de juego cuando llegás del trabajo a casa. (Esto no significa que tengas que sentarte a jugar. El juego puede estar en medio de las rutinas cotidianas, un no está / acá está a través de la cortina del baño, por ejemplo). El juego es un aliado, baja el estrés y rescata el disfrute. Practicándolo, se graba como modo de vinculación y valor familiar.
- Hacer una ronda de agradecimiento antes de empezar la cena.
- Incorporar y enseñar la pausa y la respiración antes de dar una respuesta. Es un súper poder a modelar; si los grandes lo desarrollamos, los niños por ósmosis lo aprenderán.
Como verás, marzo es el mes de los comienzos y las oportunidades…
Y vos, ¿por cuál rutina vas?
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