Qué hacer ante un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad de un hijo o hija

Puede ser un gran desafío para la familia, pero hay muchas maneras de contener y estimular correctamente a un niño con este trastorno.

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¿Cómo ayudar a nuestros hijos cuando tienen un diagnóstico de TDAH?
Foto: Flickr.

The Conversation
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un patrón persistente de inatención o hiperactividad-impulsividad que interfiere en diversas áreas de la vida: social, personal y educativa.

El síntoma más reconocible del TDAH es la dificultad de controlar la atención, el movimiento o los impulsos. Para llegar a un diagnóstico, debemos haber percibido alguna de estas alteraciones en la infancia, y haberlas notado en dos o más ambientes distintos. Eso quiere decir que si el niño o niña solamente están inquietos o no atienden en un contexto, por ejemplo en el aula, pero en casa son tranquilos, la inquietud o falta de atención puede tener un origen ambiental y no neurológico.

Se trata de un trastorno con orígenes diversos, pero eminentemente genético, en el que están implicados aspectos neurológicos o neuroquímicos modulados por la interacción de factores psicosociales y ambientales.

¿Cuándo podemos sospechar que existe TDAH?

Es normal que los niños muestren falta de atención, impulsividad e hiperactividad en algún momento de su vida. Pero cuando comienzan en la escuela (hacia los 3 años) es cuando estos síntomas se pueden percibir más claramente: las actividades del aula exigen niveles de concentración, reflexión y autocontrol que permiten percibir diferencias en las capacidades de atención y de control de impulsos.

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Niños corriendo.
Foto: Needpix.

Como en otros entornos como el hogar o en grupos sociales a los niños de esta edad aún se les exigen pocas normas, suele ser más adelante, sobre los 7 años, cuando los adultos pueden ser más conscientes de si el niño no escucha cuando se le habla, o si su nivel de actividad o de impulsividad sobrepasa lo típico.

¿Qué es lo normal?

A la hora de determinar si el niño o niña se sale de lo que se considera normativo en estas facetas, tenemos que diferenciar si el posible trastorno es más acentuado en cuanto a la falta de atención o en cuanto a la hiperactividad.

En el primer caso, estos serían los rasgos a tener en cuenta:

  • Parece estar continuamente en las nubes
  • No atiende a detalles y comete errores
  • No sigue instrucciones y no termina tareas
  • Presenta dificultades para recordar lo que aprende por no atender a las instrucciones
  • Evita tareas que le requieren esfuerzo continuado
  • Se distrae fácilmente por estímulos externos
  • Es olvidadizo en las actividades diarias

En el caso de tratarse de un trastorno más predominantemente hiperactivo-impulsivo, lo que podemos tener en cuenta es si:

  • No piensa antes de actuar
  • Interrumpe constantemente las conversaciones o el juego de los demás
  • Tiene dificultad para esperar su turno en actividades de grupo
  • Corre y salta en situaciones inapropiadas
  • No respeta normas y actúa al margen de ellas
  • Nunca aparece calmado y no termina las tareas
  • Sufre rechazo por parte de sus iguales.

Vivir con TDAH

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A menudo, los niños con este trastorno sufren el rechazo de sus pares.
Foto: Commons.

Recibir un diagnóstico de TDAH permite afrontar el problema con la información y las herramientas adecuadas. ¿Qué podemos hacer una vez que sabemos que nuestro hijo o hija tiene este trastorno?

Es fundamental la búsqueda de grupos de apoyo para compartir experiencias, así como el apoyo profesional que considere la posibilidad de terapia conductual, terapia cognitivo-conductual o terapia familiar.

Si bien es un trastorno que no desaparece con los años y con el que hay que aprender a vivir, un diagnóstico adecuado en la infancia puede ayudar a prevenir complicaciones a largo plazo.

Consejos para la familia

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Aunque les cueste quedarse quietos, hay maneras de ayudarlos a una socialización más placentera.
Foto: Freerange.

Además, hay algunos consejos prácticos que pueden ayudar a manejar el TDHA en el hogar:

Establecer un rutina diaria y horarios regulares para comida, tareas, juegos y horas de dormir, así como transiciones suaves entre una actividad y otra. A los niños con TDHA les gusta la consistencia y la estructura en su día a día, por lo que es fundamental construirles una rutina: programar las actividades diarias, concretar horarios, plazos y límites. Además, junto a las rutinas es conveniente utilizar el aviso para finalizar una actividad y la cuenta regresiva para conseguir una transición más suave. Por ejemplo, en 20 minutos debes terminar la cena e irte a la cama, luego avisarlo en 10 y luego en 5… De esta forma les permitimos prepararse emocionalmente.

Mantener espacios de estudio ordenados y usar listas de tareas y calendarios que ayuden al niño en tareas y responsabilidades.

Reforzar las conductas positivas con elogios y recompensas pequeñas.

Establecer consecuencias claras para comportamientos inadecuados. Todos los niños, tanto si tienen TDHA como si no, aprenden a comportarse dependiendo de las consecuencias de sus conductas, y necesitan normas y pautas de conducta para aprender a portarse correctamente. Sin embargo, en el caso del TDAH, es necesario tener en cuenta sus características, entender que les ocurre y como sus síntomas les puede afectar en las diferentes áreas de su vida.

Dar instrucciones sencillas, claras y directas.

Practicar la escucha activa sin interrupciones, mostrando interés en lo que dice.

Enseñar al niño a interactuar de manera positiva con los demás siendo un modelo de comportamiento adecuado. La forma en que los padres pueden llevarlo a cabo en casa implica utilizar elogios y refuerzos positivos, demostrar interés en los temas o hobbies del niño, la escucha activa, compartir momentos de juego, enseñar al niño habilidades sociales básicas como hacer cumplidos o resolver conflictos o modelar comportamientos adecuados en el día a día.

Practicar habilidades sociales a través de juegos de rol y otras actividades estructuradas. Los juegos de rol permiten plantear un gran abanico de conflictos, disyuntivas y planificaciones que obligan a los jugadores a cuestionarse sus decisiones y planes.

Animar al niño a participar en actividades físicas para ayudar a canalizar su energía de manera positiva. Deportes no competitivos como tenis, yoga, natación, atletismo, artes marciales, esgrima o ciclismo, entre otros, pueden beneficiarlos.

Enseñar al niño técnicas de relajación como la respiración, la meditación o el yoga.

¿Qué podemos pedir o exigir en la escuela?

La colaboración entre la familia y la escuela es fundamental para el buen desarrollo del menor. Los maestros y el equipo de orientación del centro deben informar a los padres de las medidas, ayudas y técnicas utilizadas que pueden ser de utilidad a las familias para implementarlas también en el hogar.

Un diagnóstico adecuado y un buen tratamiento pueden reducir al mínimo la repercusión que dicho trastorno tiene en la calidad de vida.

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