Yo sé que solo estoy en esta muy afortunada posición, pudiendo tocar esta música, justamente por mi buena suerte como actor, así que no puedo negar a House. Y no quiero negar a House. Estoy orgulloso de la serie, de lo que hicimos y sé que si estoy en este hermoso hotel, en esta hermosa ciudad, es por esa razón. Pero al mismo tiempo, deseo que cuando vengan al show, esperen una cosa y se lleven otra muy diferente. Y que les guste". Esta respuesta dio Hugh Laurie semanas atrás, en una entrevista en la capital argentina, donde estuvo presentando su primer disco: Let them talk. Previamente, el periodista le había preguntado si se sentía capaz de entender y manejar las fantasías que el público tiene sobre él; pocos lo ven como un músico, algunos ni siquiera se esfuerzan en abordarlo como un actor. Para la mayoría, su rostro remite a una única faceta: la del Dr. Gregory House.
Pero Laurie va en camino de la disociación. Algo nada fácil. En mayo pasado, luego de ocho temporadas, llegó a su fin la serie dramática que lo volvió rico y famoso. Muy rico y muy famoso. Dejar atrás al médico ficticio más genial y célebre de todos los tiempos, que lo condujo hasta la cima hollywoodense, para dedicarse a recorrer escenarios del mundo como intérprete de blues, pretendiendo ser tomado en serio, requiere un esfuerzo extra. En todo el mundo, los primeros anuncios de prensa sobre los recitales junto a su grupo Band From TV, titularon aludiendo a su otro yo: "Dr. House presenta su disco". No hay entrevista que se le realice en donde no se evoque a su personaje, en donde no se filtre una pregunta al respecto. Y Laurie suspira y acepta. Sabe que se lo debe.
TODOS MIENTEN, TODOS MUEREN. Cuando Laurie audicionó para el papel de una serie de dramas médicos que se estrenaría en 2004, pensó que el personaje principal era el del oncólogo James Wilson (interpretado por Robert S. Leonard), quien en realidad ocupa un rol secundario. Simplemente no podía creer que un hombre con las características de Gregory House pudiera ser la estrella de un programa de televisión. Es que, los seguidores de la serie lo saben bien, House a menudo plantea un dilema: es un especialista brillante, único en su genialidad, capaz de resolver enigmas médicos como nadie, pero cuya inteligencia solo es comparable con su nivel de amargura, su cinismo, su egolatría y su retorcida visión del mundo.
Es probablemente el médico que todo paciente querría tener, pero que al mismo tiempo estrangularía gustoso con sus propias manos. No tiene idea de lo que es un código de ética, no sabe qué son los escrúpulos y a menudo parece no sentir demasiado respeto por la vida; además de ser adicto al Vicodín a causa de un dolor crónico en su pierna derecha, derivado de un problema muscular (que lo lleva a usar bastón). Una de sus frases clásicas es "everybody lies" ("todo el mundo miente"), que suele utilizar cuando desconfía de que un paciente le esté dando toda la información que necesita para llegar al diagnóstico verdadero. El título del último capítulo hace un guiño a esa frase, además de ser muy significativo con lo que sucede en la historia y con el propio final de la serie: se llamó "Everybody dies" ("todo el mundo muere").
¿Puede un personaje así ser querible? Puede. House simplemente cautivó sin términos medios a millones de espectadores en el mundo, batiendo varios récords (ver recuadro). Laurie ha opinado sobre por qué un personaje tan desagradable ha caído tan bien: "Es problemático, pero no mal tipo. No todo el mundo tiene que ser bueno y simple. Cuanto más complicada es la persona, cuanto más nos sorprende, más nos interesa. Admito que no es un boy scout, pero muchas cosas de él me parecen geniales". El actor considera además que "en la historia de la televisión norteamericana, esta serie es muy valiente porque el protagonista no es el héroe, pero es el centro de la trama" y que la gente siente simpatía por House porque "cuando ves a un personaje que no es atractivo, te liberas de la ansiedad de gustar a los demás".
Hasta 2004, Laurie era una cara medianamente conocida a raíz de sus trabajos en varias series de televisión y películas, casi siempre interpretando personajes secundarios. De hecho, filmó su audición para House en el baño de un hotel en Namibia, donde se encontraba rodando la película El vuelo del fénix. "Era el único lugar con buena luz", explicaría luego el actor sobre la particular locación elegida. Al ver su casting, uno de los productores ejecutivos dijo: "Eso es exactamente lo que quiero: un tipo americano". El hombre no se dio cuenta que Hugh es inglés.
Toda la familia Laurie es británica. El actor fue el más joven de cuatro niños nacidos del matrimonio entre Ran y Patricia. Hugh no se refiere mucho a su madre, por lo que se sobreentiende que la relación entre ambos siempre fue tensa; Laurie ha dicho que cree que a ella nunca terminó de "gustarle" cómo es él. Con su padre es distinto ya que, de una u otra manera, fue una figura que marcó mucho su camino. Por un lado, era médico; algo que ha hecho sentir culpable al actor por "ganar más dinero (que su progenitor) actuando una falsa versión de él". Pero además Ran fue medallista olímpico en remo (ganó el oro en 1948), recorrido que Hugh intentó seguir: también fue remero en su juventud y llegó a entrenar ocho horas por día, hasta que una mononucleosis truncó su futuro deportivo. Fue entonces cuando se unió a los Footlights de Cambridge -a pesar de haber nacido en la ciudad universitaria de Oxford, concurrió a Cambridge para continuar una tradición familiar-, quizá el club de comedia más famoso del mundo y semillero de varias celebridades. Allí conoció, por ejemplo, a Emma Thompson, con quien vivió una breve relación amorosa en aquellos años y hoy mantiene una gran amistad. Su gran relación es con Jo Green, su esposa desde 1989, con quien tiene tres hijos.
La otra pasión de Laurie permaneció oculta para el gran público hasta hace poco, opacada por su vocación actoral. Pero la música siempre estuvo ahí: recibió clases de piano desde los 6 años y hoy es capaz de tocar también guitarra, batería, armónica y saxofón. De hecho, él dio la idea a los guionistas de impregnarle un carácter musical al personaje de House. Sin embargo, su primer disco, con el que hoy está de gira por todo el mundo (y que lo trajo a Argentina en junio), se editó apenas el año pasado. ¿Por qué le llevó tanto tiempo dar ese paso profesional? "Me preocupaba no estar preparado, tener que saber más. Pero la verdad es que si esperas mucho hasta estar `realmente listo`, nunca podrás hacer nada. Cuando alguien vino y me preguntó si quería grabar un disco, dije: `Nnnn...esperá, ¡sí!` Porque si no, iba a morirme esperando estar listo. En algún punto, tenés que lanzarte y hacerlo", dice. De alguna manera, todo el mundo es capaz de renacer.
La serie que batió varios récords
Un día después de que el último episodio de House salió al aire en Estados Unidos, el 21 de mayo pasado, el sitio web oficial de los Récords Guinness le dedicó un espacio a la noticia. Es que, tras ocho temporadas al aire, la serie puede jactarse de haberse quedado con tres marcas mundiales. En 2008, su cuarta temporada pasó a la historia como la más seguida, con un promedio de 81,8 millones de espectadores en 66 países. Dos años después, el éxito ininterrumpido de la serie llevó a que Hugh Laurie liderara el podio de los actores protagónicos masculinos de televisión más vistos del mundo, desplazando a su colega David Hasselhoff, de la recordada Baywatch. El tercer récord fue económico: Laurie llegó a ganar 700 mil dólares por episodio, convirtiéndose así en el actor de serie dramática mejor pagado.
Estrenada en 2004, House se inspiró en una columna del New York Times llamada Diagnosis escrita por la médica Lisa Sanders, quien enumeraba síntomas atípicos y luego desarrollaba una investigación para resolver el caso. El abrumador éxito de la serie hizo más difícil su final. En un comunicado, productores y actor se refirieron a esto: "La decisión de terminar el show ahora o en cualquier otro momento, es dolorosa, por el riesgo de separarnos de cientos de amistades que hemos hecho a lo largo de estos ocho años, pero también porque el show en sí mismo ha sido fuente de gran orgullo para todos los involucrados".