Para el ingeniero Juan Opertti, experto en logística, Uruguay no debe descuidar la oportunidad de ofrecerse como alternativa de localización para las operaciones comerciales globales hoy amenazadas por los conflictos geopolíticos. Asume una eventual guerra de aranceles como un “shock de los que debemos considerar habituales”; por tanto “tenemos que ser ágiles para jugar en ese entorno”. Opertti advierte que el comercio electrónico es una gran oportunidad, ya que Uruguay tiene las características necesarias para ser una plataforma logística. De todos modos, se precisa más, subrayó, en referencia a formación, empleo y gestión público-privada. Opertti es Ingeniero industrial mecánico, MBA, Catedrático de operaciones y Logística en Universidad ORT, ejecutivo en Katoen Natie y Costa Oriental. A continuación, un resumen de la entrevista.
—¿Cómo vislumbra que debe afrontar Uruguay los retos de la incertidumbre arancelaria, en medio de otros desafíos geopolíticos?
—Los países tenemos que posicionarnos hacia un gran desafío, encaminarnos, en un consenso entre gobiernos empresarios, sindicatos, todas las organizaciones trabajando para diseñar estrategias pensando en las cadenas de suministros, de tal manera de posicionar nuestros productos en cualquier posición geográfica del planeta, independientemente de aranceles, y que tengamos la competitividad para hacer fluir nuestros productos. Y además, ser nosotros un nodo elegible frente a estas disrupciones, donde otros países nos escojan como la plataforma logística.
Europa va a tener que salir a buscar nuevos mercados, el Reino Unido está saliendo a buscar nuevos mercados y Uruguay está muy atento para ser un nodo elegible para distribuir productos, en un momento en que todos los bloques salen a buscar nuevos mercados.
Debemos entender que los shocks llegaron para quedarse. Y tenemos que ser ágiles para jugar en ese entorno. Es la oportunidad.
—¿Estas tensiones arancelarias desafían también cuestiones vinculadas con la localización, las rutas comerciales, la logística?
—Exactamente. Lo que llaman shocks en las cadenas de suministros, cada día se torna más frecuente. Por ejemplo, tenemos que prepararnos a shocks fuertes que, por lo menos, duren dos semanas cada dos años. Y cada cuatro o cinco años, es de esperar shocks que duren dos o más meses. Pueden ser shocks no evitables, como un cambio climático severo. Para ello debemos prepararnos mejor. Pero habrá otros evitables, un ciberataque, por ejemplo. Y en esos casos, debemos anticiparnos para poder sortearlos.
En Uruguay debemos apuntar a un país que, a nivel del Estado y de sus organizaciones privadas, se prepare para esos eventos disruptivos severos, a partir del talento, de la tecnología, la innovación. Esos son los temas que harán la diferencia. La digitalización y la inteligencia artificial generativa definirán si podemos sobreponernos a un mundo que nos va a poner por delante muchos desafíos.
—¿Somos un socio elegible para las empresas globales?
—Tenemos que plantearnos, ¿por qué no producir en América Latina como una segunda localización?; para quienes tienen, por ejemplo, un centro de servicios compartidos en Europa, ¿por qué no tener otro en Uruguay? Podemos atender toda la región y también Estados Unidos. Y así ir buscando también alternativas y convertirnos en un socio elegible.
—Pero, en medio de una declarada guerra arancelaria, ¿cuáles serían las estrategias inmediatas de mitigación?
—Todo va cambiando el trabajo día a día y no sabemos cuánto puede durar. Hay una situación dada en los Estados Unidos de proteccionismo, que tiene como fin atraer inversión desde localizaciones más lejanas, hacia Estados Unidos o países próximos, en consonancia con el concepto de nearshoring.
Insisto en que el tema de los aranceles debemos tomarlo como un evento más de este momento incierto que vive el mundo. Pensemos en que la centralización de los inventarios en un hub logístico, como puede ser Uruguay, para varios países, puede llegar a reducir los costos en un 50%.
Entonces, ¿el problema central son los aranceles o lo es una gestión eficiente de las cadenas de suministro? Yo creo que los aranceles son una realidad que debemos adicionar en nuestros balances, en nuestro flujo de fondo. Pero la clave no está ahí. Nuestro potencial como hub tiene que ser aprovechado, para agregar valor o para tránsito, pero un lugar seguro y eficiente es lo que hay que ofrecerle a las empresas globales, como escudo a los aranceles altos. Zonas francas, puerto libre, los formatos pueden ser variados, pero Uruguay no puede dejar de focalizarse en eso.
Hoy son los aranceles, pero el año pasado en estas fechas teníamos el canal de Panamá afectado con una sequía, donde en lugar de pasar 40 barcos por día, pasaban 20. Y más atrás el COVID. En ese contexto, el peor problema no fue los puertos de China saturados, sino el canal de Suez, cuando se atravesó un barco portacontenedores y tuvimos un atasco monumental. No hay arancel en el mundo que sea similar a los efectos dañinos de los problemas logísticos.
—Siendo más específicos, ¿cuál es el rubro en el que observa más oportunidades?
—En el futuro del trabajo está el comercio electrónico. Tenemos que seguir formando recursos en esas áreas. El comercio electrónico crece a una tasa de 30% anual a nivel global y el segmento que más crece es el transfronterizo; una empresa que establece un stock en Uruguay, puede realizar un inventario y atender a Brasil, donde cada persona puede comprar por día 50 dólares. Un argentino puede hacer 12 compras de 50 dólares por correo público y 5 compras de 400 dólares por vía courier. Un estadounidense puede comprar, por día, por esa vía, 800 dólares. Imaginen lo que se puede ganar con centros logísticos que centralicen inventarios en Uruguay. Ahí ya tendríamos un TLC. La centralización de inventarios la gana al arancel.
—¿Cuánto podemos beneficiarnos realmente y captar esa porción del negocio global con las limitaciones que todavía tenemos?
—Hoy se habla mucho de la relocalización de las empresas de Asia hacia Estados Unidos o zonas más próximas, lo que se define como el nearshoring. Pero yo creo que Uruguay desde el punto de vista logístico es muy atractivo para hacer una localización, y eso lo estamos viendo con empresas norteamericanas de bienes de consumo que se interesan en el país, para acceder al mercado de América Latina.
También tenemos la posibilidad de los microprocesadores, una gran industria que está muy cautiva en Asia, pero debido a las tensiones geopolíticas conocidas, la industria de los microprocesadores está buscando un acercamiento a países más cercanos a Estados Unidos, que nunca va a ser tan competitivo como Asia. Quizás en América Latina podamos aproximarnos y desarrollar industrias en esa línea.
Hemos tenido algunas señales interesantes, como la instalación que se está desarrollando de un importante data center en Uruguay y por ahí comienzan las cosas.
—En materia de formación y empleo, ¿por dónde pasan las oportunidades?
—Hay que avanzar con lo que se llama programas de readecuación de la fuerza laboral, de actualización de nuestras gerencias, de la puesta en marcha de carreras cortas, tecnológicas, transversales, que se sume a la formación tradicional.
Tenemos que estar en condiciones de que, si viene una empresa que se instala acá y demanda una especialización determinada, seamos capaces de articular cursos de 6 meses, o una carrera de dos años; necesitamos esa flexibilidad, alineados entre sector público y privado. Estamos compitiendo con muchos países, no podemos dejar de avanzar.
Precisamos más talento al servicio del comercio, el transporte y la logística moderna, donde la academia juega un rol muy importante. Por ejemplo, UTEC es una plataforma clave de capacitación en logística, y además, descentralizada. La retención del talento en territorio es fundamental. También desde ORT y otras instituciones públicas y privadas se está trabajando mucho, pero se necesita más. Incorporar más gente a las áreas de digitalización, Internet de las cosas, la inteligencia artificial.
Y otro factor importante que hoy se tienen en cuenta a nivel global es la sostenibilidad.
—¿De qué forma incide?
—Las grandes empresas globales buscan las mejores condiciones para centralizar su inventario y distribuirlo en la región, pero toman en cuenta otros factores: ¿qué impacto ambiental y social vamos a tener? Las empresas están muy sensibles a todo lo que significa el impacto ambiental porque de lo contrario serán castigadas por sus clientes. Entonces, también esos factores inciden.