Marchan pidiendo justicia por el doble homicidio de empresarios en Empalme Olmos

El llamado de una de las víctimas acudiendo al 911 momentos antes de ser asesinada fue “espeluznante”.

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Fábrica de ladrillos ticholos en Empalme Olmos donde un hombre de 76 años mató a sus socios
Humberto Radiccioni, de 76 años, asesinó hace un mes a sus socios.
Foto: Gianni Schiaffarino

El 10 de setiembre, Pilar Bruzzone festejó su primer cumpleaños. Sus padres, Nicolás y Valeria, convocaron a un puñado de familiares y amigos a una chacra en San Ramón, al norte deCanelones, para celebrar el aniversario de su única hija. En esa fría pero soleada tarde de domingo, solo había lugar para las risas, las fotos y las conversaciones distendidas.

A nadie siquiera se le pasaba por la cabeza que en menos de dos semanas volverían a reunirse, pero por razones nada festivas. Esta vez, sería para darle sepultura al cuerpo de Nicolás, de 42 años, asesinado de un disparo por Humberto Radiccioni, conocido de la familia y padre de Augusto, uno de sus socios en la fábrica Ticholos del Uruguay.

Radiccioni, de 76 años, empuñó un arma y atacó a Bruzzone al caer la noche del jueves 21 de setiembre, en el predio de la compañía en Empalme Olmos. Luego le disparó a Jorge Percovich, de 30 años, quien era el tercer socio.

Después del primer disparo, Percovich quedó consciente. Con las fuerzas que le restaban llamó al servicio de emergencias 911 y clamó: “Por favor, vengan. ¡Apuren, apuren, que me va a matar!”.

Sin embargo, Radiccioni volvió a entrar a la oficina -que funcionaba en un viejo ómnibus de Coetc- y lo remató de un balazo.

Quienes escucharon la grabación aseguran que es “espeluznante”. Y que el registro de las cámaras de seguridad en el predio -tomado como prueba por la Fiscalía- muestra cómo en el interín, Radiccioni salió decidido de la oficina para recargar el arma con la que perpetró el doble homicidio.

A las 17:00 horas de esta tarde, a un mes del crimen, familiares y amigos de Bruzzone y Percovich marcharán afuera de la fábrica de ticholos para pedir justicia y que “estos hechos de violencia no se naturalicen”.

Además, exigirán que se revoque la prisión domiciliaria impuesta a Radiccioni como medida cautelar -mientras avanza la investigación por dos delitos de homicidio en reiteración real- para que la cumpla en la cárcel. En su momento la fiscal Gabriela Yanieri apeló la decisión de la Justicia, y por estos días un Tribunal de Apelaciones deberá determinar si el imputado permanece en su casa o es enviado a un centro de reclusión.

El abogado Jorge Díaz, que representa a la familia Bruzzone, indicó a El País que un médico del Instituto Técnico Forense ya determinó que Radiccioni está en condiciones de cumplir la medida cautelar en la cárcel.

Además, aseguró que pedirá que la Fiscalía cambie la carátula del caso, abandonando la hipótesis del doble homicidio en reiteración real para comenzar a investigarlo como un homicidio muy especialmente agravado, de acuerdo al artículo 312 del Código Penal. Allí se prevé la tipificación cuando hay “concurso” del delito, como ocurrió con Bruzzone y Percovich, asesinados con muy pocos minutos de diferencia.

Si la fiscal cambiase la carátula, la pena mínima pasaría a ser de 15 años y la máxima de 30 años, mientras que el homicidio simple tiene una mínima de dos años y una máxima de 12.

“Los guarismos punitivos son muy diferentes”, apuntó Díaz.

A su vez, el exfiscal de Corte señaló que este eventual cambio de carátula podría modificar el riesgo de evasión -por el aumento considerativo de la pena mínima-, justificándose aún más el pedido de que la medida cautelar se cumpla en prisión. Y también bloquearía la posibilidad de que el caso se dirima mediante un proceso abreviado, debiendo necesariamente celebrarse un juicio oral y público.

En tanto, la defensa del imputado pidió una segunda evaluación sanitaria a médicos forenses, a la espera del fallo del Tribunal de Apelaciones. Pero, de todos modos, los abogados sostienen que el pedido de prisión domiciliaria para Radiccioni no se centró en su estado de salud. “Se plantearon cuestiones vinculadas al instituto de la medida cautelar. Por ejemplo, cómo está regulada en el Código y cómo se ha ido imponiendo, ya que de un tiempo a esta parte la prisión preventiva es la excepción y no la regla”, apuntó una fuente judicial consultada por El País.

La historia

Daniel Tejera quedó en shock cuando un amigo lo llamó el jueves 21 para comunicarle que acababan de asesinar a Jorge Percovich en la ticholera. Ignoraba que también habían matado a Nicolás Bruzzone, a quien conocía desde los 10 años, y aunque marcó su número de inmediato ya era demasiado tarde.

“En la Comisaría de Pando, donde se hizo la denuncia, hay varios oficiales de San Ramón. Entonces, el rumor corrió como reguero de pólvora. Tuve que comunicárselo al padre, a la señora y a la madre, que increíblemente estaba de viaje. ¿Cómo le decís a alguien que está afuera que le mataron al hijo?”, reflexionó Tejera en diálogo con El País. Finalmente, a la madre de Nicolás la trajeron “engañada”, con el pretexto de que se había accidentado el familiar de uno de sus compañeros de viaje. Apenas entró a su casa, tuvo que asimilar la cruda realidad de que ese día velarían a su único hijo varón. “Ella llegó y le dijeron: ‘Tu hijo está muerto’. Y estaba ahí, en el cajón”, recordó Tejera.

Para la marcha de hoy, familiares y amigos redactaron una carta con la cronología de los hechos. De alguna manera, con ella buscan desmentir “inexactitudes” que aseguran que se dijeron desde que se conoció la noticia, como que las víctimas habían intentado estafar a Radiccioni.

Para contar esta historia hay que remontarse a la década de 1980, cuando el abogado Antonio Bruzzone -padre de Nicolás- coincidió en la sucursal del Banco República en San Ramón con Radiccioni, el entonces gerente y hoy señalado como asesino. Además, sus hijos eran amigos, por lo que ambas familias tenían una relación cercana.

El tiempo pasó y, ya recibido de escribano, Nicolás Bruzzone hizo trabajos puntuales para Radiccioni. Sus conocidos afirman que en 2019, ante la necesidad de dinero, Radiccioni le ofreció asociarse para reimpulsar la ladrillera de Empalme Olmos, que estaba fundida. Bruzzone aceptó y acercó a Percovich al negocio.

El tercer socio, hijo de un reconocido rematador, le entregó a Radiccioni un cheque por US$ 220.000. Sin embargo, según los allegados, las víctimas “se encontraron una empresa con muchas irregularidades.” “La ticholera no tenía crédito en ningún banco por la reputación de mal pagador de Radiccioni”, señalaron en la carta.

En el entorno sabían que la relación laboral era cada vez más tensa, pero nadie imaginaba este desenlace. El día del crimen, mientras la familia estaba en la ticholera, Tejera se quedó a cuidar a Pilar, la hija de Bruzzone. “Nos partió al medio. Cada vez que visito a la familia me cae la ficha de nuevo”, afirmó el amigo de las víctimas.

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Jorge Diaz.
Foto: Francisco Flores
Además

Denuncian que continúa con el negocio

Unos veinte empleados de Ticholos del Uruguay, representados por la abogada Jennifer Romero, solicitaron al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social una audiencia para conocer cuál es su situación laboral. Además iniciaron un reclamo legal, ya que les deben el sueldo correspondiente a los días trabajados en setiembre y a los días en que, tras el crimen, la fábrica dejó de estar operativa.

Como informó El Observador, los trabajadores denunciaron que el 11 de octubre Augusto Radiccioni, el hijo del imputado, pretendió retirar mercadería sin el consentimiento de los herederos de Bruzzone y Percovich. Él adujo que era para poder cubrir las deudas salariales, pero Romero aseguró a El País que Radiccioni nunca les informó a los trabajadores y tampoco ha atendido sus llamadas.

Los familiares y amigos de las víctimas sostienen que, estando en prisión domiciliaria, Radiccioni sigue dirigiendo el negocio. “A los encargados de su ticholera en Maldonado los hace llamar a los clientes que tenía la ticholera de Empalme Olmos, para que pasen por esta nueva. Asimismo, ofrece trabajo a alguno de los empleados de la fábrica que hoy se encuentra manchada de sangre, con la sangre de dos jóvenes que levantaron una empresa en decadencia”, apuntaron en la misiva.

Según esta versión, los altercados comenzaron porque Radiccioni no invertía el dinero que Percovich le había prestado y tampoco se lo devolvía. Las víctimas incluso intentaron que el Juzgado de Paz dirimiera el asunto y finalmente Radiccioni pagó, aunque “con la condición de que Bruzzone renunciara a cualquier cobro de honorarios”. “Su ambición era recuperar Empalme Olmos, no importó a qué costo. (...) Queremos dejar en alto la memoria de nuestros amigos, desmintiendo las versiones de la prensa que dejan a Radiccioni como un pobre hombre estafado, que no hacen más que herir a la familia y a los amigos, que conocíamos de primera mano los hechos y la situaciones que venían viviendo”, escribieron. Ningún integrante de la familia Radiccioni respondió a El País.

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