Uruguay ocupa un trágico lugar en el ranking de suicidios. Desde hace años se ubica tercero en las Américas detrás de Guyana y Surinam. La prevención es clave y para ello es fundamental analizar en detalle los intentos de autoeliminación. ¿Qué sexo y edad tienen quienes intentan quitarse la vida? ¿Con qué métodos y frecuencia lo hacen? ¿Qué tipo de atención médica reciben y bajo qué supervisión continúan tras el alta?
La información es una herramienta determinante para reducir este grave problema de salud pública y de origen multifactorial. Por eso resulta relevante una reciente investigación publicada en revistas especializadas internacionales con los hallazgos del primer año de funcionamiento del Sistema Nacional de Vigilancia en Tiempo Real de Intentos de Suicidios en Uruguay. Este sistema digital y obligatorio que se aplica en 97 departamentos de emergencia de todo el país comenzó a implementarse en 2022, es destacado a nivel mundial y sustituyó el registro manual que se implementaba desde 2013 pero que ofrecía muy poca credibilidad por su conservación en formato papel.
El intento de suicidio se define como cualquier acto cuyo objetivo principal sea acabar con la propia vida, ya sea declarado por el individuo o diagnosticado por un profesional de la salud.
Por primera vez en 2023 Uruguay contó con datos detallados y confiables sobre el fenómeno del suicidio. Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de ese año se registraron 4.723 intentos de suicidios que involucraron a 4.274 personas. Son 13 casos por día. La cifra parece alta pero no lo es. Es un ratio de 6.4 intentos por cada suicidio y el promedio internacional da cuenta de 20 intentos por cada autoeliminación. Este dato lleva a considerar que existe un importante subregistro en el sentido de que muchos intentos no llegan al servicio de emergencia a menos de que requieran un tratamiento médico.
El 71.6% de los intentos fueron realizados por mujeres y 28.4% por hombres. El suicidio de hombres representa el 75% del total de los casos. Pero en los intentos de suicidio hay una notoria predominancia de mujeres en la mayoría de los grupos de edad. Un dato llamó la atención de los autores de la investigación: en el grupo de 10 a 14 años hubo siete intentos de suicidio de mujeres por cada hombre mientras que en el grupo de 75 a 79 años la proporción fue de 6 a 1. Los hombres superaron a las mujeres en los grupos de 85 a 94 años.
El promedio de edad en un rango de 5 a 93 años fue de 32 años. El grupo de adolescentes y adultos jóvenes contemplados entre los 15 a 29 años representó el 47.3% de los intentos. El 54,8% de los casos involucró a menores de 30 años. Los hallazgos destacan a los jóvenes, en particular a las mujeres de 15 a 19 años, como un grupo de alto riesgo de suicidio.
El método más usado en todos los intentos fue el autoenvenamiento con fármacos que representó el 71.6% de los casos (78% en hombres y 56,5% en mujeres). En su mayoría su utilizaron agonistas del receptor de benzodiazepina y antidepresivos.
La segunda forma más común en hombres fue el ahorcamiento o asfixia (18.4%) y en mujeres el corte o laceración (8.5%). Solamente en el 1% de los casos que involucraron a hombres y el 0.1% de mujeres se utilizaron armas de fuego.
Los lunes fueron el día de la semana con más intentos, seguido de domingos. El mes con mayor incidencia fue octubre y se constató una ligera disminución de las consultas durante el invierno y, específicamente, el período de vacaciones escolares.
Un dato muy relevante: el 50.6% de los pacientes había intentado suicidarse previamente, y el 74% de ese total eran mujeres, una diferencia estadística significativa con relación al porcentaje de hombres.
De las 4.274 personas que intentaron quitarse la vida en 2023, 250 mujeres y 98 hombres volvieron a hacerlo al menos una vez en ese mismo año. La mediana de tiempo hasta la primera repetición fue de 54 días.
Otra información crucial tiene que ver con la atención de los involucrados. El 69% estaba bajo tratamiento de salud mental al momento de intentar quitarse la vida. El 100% de los casos fue monitoreado por un equipo técnico del Ministerio de Salud Pública. Seis de cada diez contaba con un prestador de salud privado y el resto estaba bajo la cobertura pública.
Las conclusiones
Uno de los autores de la investigación, el ex subsecretario de Salud Pública, José Luis Satdjian, explicó a El País que se implementó un sistema de control obligatorio del seguimiento realizado por personal inicialmente contratado para el seguimiento del Covid. “Emulamos el sistema de rastreo que dio tanto éxito en la pandemia y lo elevamos a un ‘rastro de intentos de autoeliminación’. Este equipo se encarga de verificar que a la persona se le dé fecha para un control a los 7 días del egreso. Cabe destacar que este personal únicamente puede fiscalizar si el intento de autolesión ha sido debidamente registrado, lo que subraya la importancia de que los médicos efectúen dicho registro”, indicó.
En cuanto a las cifras indicó que un ratio de 6.4 intentos por cada suicidio es bajo de acuerdo a parámetros internacionales, lo que sugiere un posible subregistro de casos.
En cuanto al uso de psicofármacos en el 71.6% de los intentos de suicidio, siendo las sustancias más usadas alprazolam, sertralina, diazepam, clonazepam y quetiapina, Satdjian consideró que “el sistema ha proporcionado datos valiosos que permiten analizar tendencias y diseñar estrategias de prevención. La limitación del acceso a fármacos y sustancias tóxicas ha demostrado ser una estrategia efectiva en la prevención del suicidio en varios países, entre estos China implementó regulaciones estrictas para prohibir el uso de pesticidas altamente tóxicos, lo que resultó en una reducción significativa de las muertes por suicidio relacionadas con estos productos. Las políticas públicas para ser verdaderamente efectivas deben estar adaptadas a las características demográficas, culturales y sociales de cada país y para saber esto necesitamos sistemas integrados que nos aporten datos”.
La flamante director de Salud Mental, Julia García, dijo a El País que es necesario “optimizar” el contralor sobre los mecanismos letales. “Así como a lo largo de los años se ha ido perfeccionando el control sobre las armas de fuego, tenemos que hacer lo mismo con la medicación. El uso masivo facilita la accesibilidad, hay que trabajar en la responsabilidad sobre su consumo y en campañas que busquen sensibilizar a las personas. Darle medicación controlada a alguien como un acto empático porque no puede dormir, o la automedicación, no es el camino. Hay que volver al marco de respeto por el acto médico de la prescripción y el control. Todo esto requiere un fuerte énfasis en la educación”, indicó.
Una prioridad para la nueva gestión del MSP
Para la nueva administración la salud mental es prioridad, y sobre el capítulo de los suicidios se trabajará específicamente. La nueva directora del área, Julia García, dijo a El País que se pondrá el foco en hacer cumplir la Ley de Salud Mental que fue votada por unanimidad en el Parlamento y de la que fue impulsora la actual ministra de Salud, Cristina Lustemberg.
“Tenemos que cambiar el modelo asistencial por un modelo comunitario. Para nosotros el suicidio es un tema central de salud pública porque tiene un impacto devastador en la comunidad. Nuestra tasa de suicidios dobla a la de países vecinos. Vamos a llevar adelante estrategias nacionales y locales de prevención del suicidio, tenemos previstas campañas de educación y sensibilización en salud mental”, indicó.
García consideró fundamental un abordaje intersectorial que involucre a sectores implicados en el tema como Mides, BPS, Ministerio del Interior, la academia y otros actores sociales. “Nadie puede quedar afuera, debemos generar una red e identificar las características de cada entorno. Hay factores de riesgo diferentes según geolocalización de cada usuario. Hay departamentos con pocos profesionales de la salud mental o que no son residentes allí y eso es un obstáculo. Tenemos que garantizar la accesibilidad a la consulta, disminuir los tiempos de espera y poner énfasis en la calidad de la atención”, señaló.
También puntualizó la necesidad de dotar a los equipos del primer nivel de atención de una mirada multidisciplinaria que involucre a profesionales con diferente especialidad.
“Vamos a fortalecer la capacitación en las puertas de emergencia públicas y privadas, los usuarios con riesgo de suicidio requieren de la mejor atención, así como su familia porque es fundamental que nos apoyemos en personas referentes para hacer un seguimiento efectivo”, indicó García.
Con respecto a las causas, la directora de Salud Mental dijo que si bien es multifactorial, hay evidencia sobre un aumento de los casos a la situación económica. “Una muy mala situación económica del país provoca un aumento de los suicidios y los trastornos mentales, hay un paralelismo entre cómo le va al país y qué sucede con los trastornos psíquicos. En las crisis hay un aumento exponencial de las consultas por trastornos de salud mental”, señaló.
El rol de la Inteligencia Artificial para prevenir la autoeliminación
El documento plantea como recomendación el uso de Inteligencia Artificial. Satdjian indicó que “a nivel mundial las tasas de suicidio disminuyen menos en la región de las Américas".
El desafío planteado con el uso de la Inteligencia Artificial en la predicción y prevención del suicidio se centra en aprovechar las bases de datos públicas existentes relacionadas con este tema.
La propuesta, desarrollada y postulada por Alejandra Moreira, exdirectora del Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública, tiene como objetivo mejorar la calidad de la información disponible y diseñar perfiles de riesgo que permitan a los prestadores de servicios de salud identificar a las personas con mayor vulnerabilidad. Para ello, se utilizaría IA para procesar y analizar grandes volúmenes de datos, lo que permitirá un enfoque más preciso y oportuno para la intervención”.
Aseguró que es esencial que la implementación de estas soluciones respete principios éticos rigurosos, especialmente en cuanto a la protección de la privacidad y seguridad de los datos sensibles de salud.
La iniciativa recibió financiamiento a través de un concurso de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, y forma parte de una estrategia más amplia para enfrentar los desafíos en salud mental y suicidio, especialmente en Uruguay. El pasado 13 de marzo finalizó el llamado para que empresas presentaran sus proyectos
El seguimiento de los pacientes
La evidencia muestra que el período posterior al egreso hospitalario tras un intento de autoeliminación es un momento de alto riesgo. Con base en esta realidad, se diseñó un protocolo de seguimiento que incluye, entre otras medidas, la obligación para los prestadores de ofrecer atención por un profesional de salud mental a los siete días del egreso.
“Esta estrategia se reforzó en 2024 a través de las metas asistenciales, lo que no solo implica sancionar económicamente a los prestadores que no cumplen con el seguimiento, sino también reconocer económicamente a aquellos que lo implementan correctamente. La inclusión de esta estrategia en las metas asistenciales facilitó, además, el cruce de datos entre lo que se informa a metas y lo que se registra en el sistema, fortaleciendo la capacidad de fiscalización, garantizando un control más riguroso. La clave para que esta estrategia sea realmente efectiva es que las personas puedan encontrar respuesta oportuna en los equipos de salud cuando más lo necesitan”, indicó José Luis Satdjian.
El ex jerarca opinó que el fenómeno de los suicidios en Uruguay es complejo y multifactorial, influenciado por factores sociales, económicos, culturales y de salud pública. “A pesar de realizarse análisis con diversas bases de información, no se encontraron resultados estadísticamente significativos que lo expliquen, lo que refleja la dificultad de analizar un fenómeno tan complejo de manera aislada. Se realizaron esfuerzos significativos para abordar este problema. Las cifras de suicidio de 2023 mostraron una disminución, lo cual es positivo, pero es esencial mantener esta tendencia. La alta tasa de suicidio en jóvenes también es preocupante, con factores como el estrés escolar, el bullying y la falta de habilidades emocionales para enfrentar dificultades. Estos elementos, sumados a crisis personales intensas, aumentan el riesgo de suicidio”, sostuvo.
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