Consultor Tributario: lo que viene en materia de impuestos a nivel global y la propuesta del gobierno de Orsi

El resumen del año que pasó en Consultor Tributario donde tuvimos las propuestas en la materia de los partidos políticos.

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Yamandú Orsi, presidente electo, en conferencia.
Yamandú Orsi, presidente electo, en conferencia.
Foto: Estefanía Leal.

Por Carlos Loaiza Keel
Para comenzar este nuevo año, #ConsultorTributario se enfocó en algunos temas claves de la agenda tributaria internacional y también abordó aspectos de la historia de los tributos, particularmente en relación con el efecto de los impuestos para incentivar o desincentivar comportamientos humanos y sus límites.

Entiendo que este enfoque histórico y antropológico es esencial para comprender la relevancia del fenómeno fiscal en nuestra vida cotidiana, más allá del cumplimiento de las obligaciones tributarias. Así lo suelo recordar en mis clases en la Universidad de Montevideo: las principales revoluciones políticas de la Historia tuvieron como conflicto subyacente uno de índole tributaria, sea entre sectores de la sociedad que no se sentían bien representados en la creación de los tributos o en el uso de su producido, o entre regiones que consideraban que la recaudación o distribución de los impuestos resultaba injusta.

A fin de cuentas, la manera en la que configuremos nuestro sistema fiscal no solo condiciona el tipo de incentivos que nuestra sociedad tiene, sino también la armonía en la convivencia de las personas; en pocas palabras, se trata de una base indispensable para el progreso humano.

Campaña electoral
Campaña electoral.
Foto: Fernando Ponzetto

Diversas propuestas

Conscientes de todo esto, junto a Fabián Tiscornia, consideramos en junio que la mayor contribución que este espacio divulgativo podía hacer este año de elecciones para su grupo de lectores, formados e informados, era acercar y presentar de una manera ágil y directa las distintas propuestas de los principales partidos políticos que participaban en la contienda electoral.

Desde ese momento, se sucedieron en estas páginas las propuestas del Partido Independiente, de Cabildo Abierto, del Partido Colorado, del Partido Nacional y, finalmente, del Frente Amplio (FA), cuya fórmula presidencial resultó vencedora en el balotaje de hace pocos días. Quiero agradecer una vez más a todos sus equipos económicos y coordinadores de programa con los que interactuamos por su confianza y generosidad al recibir nuestra idea y aceptar la invitación.

Hoy ya sabemos quién gobernará el Uruguay por los próximos 5 años, el FA, por lo que entendemos que vale la pena repasar las ideas que planteaba en nuestra última edición su equipo económico, liderado por el prestigioso economista Gabriel Oddone, junto a técnicos de sobrado talento y experiencia, como el contador Álvaro Romano.

Gabriel Oddone
Gabriel Oddone.
Foto: Estefanía Leal

Y antes de nada, viene a la memoria uno de los primeros y más importantes postulados de la columna de la última edición: la agenda tributaria del FA para el próximo período “no proyecta aumentar la presión tributaria”. Y no por cualquier razón: según el mismo equipo económico, este postulado se funda en que “la política tributaria de un país debe ser estable y previsible, ya que ello contribuye a la generación de un buen clima de negocios para que los agentes económicos tomen sus decisiones con mayor seguridad.”

Está claro que esta declaración de principios no puede suponer un compromiso inalterable de aumentar impuestos si las condiciones son tan acuciantes que lo exigen; mucho menos impide eventualmente reorganizar los impuestos actualmente existentes, puesto que la presión fiscal de un país se mide, según los criterios técnicos más extendidos, de forma agregada, es decir, determinando cuánto representa la recaudación total en el Producto Interno Bruto.

Claro que si el propósito es no aumentar la presión fiscal, pero se admite que el sistema no es inmutable, ¿qué se puede esperar al final del día?

Podemos encontrar algunas ideas que desliza el equipo económico del FA al respecto.

Ante todo, recordar que cualquier ajuste que se introduzca al sistema debe estar alineado con los pilares que orientaron la reforma tributaria del 2007, una plataforma estable “que goza de amplios apoyos en el sistema político uruguayo”.

Y, en particular, la necesidad de generar mejores condiciones de cumplimiento para las micro y pequeñas empresas, introduciendo cambios en los regímenes de registro y tributación que reduzcan los costos de la formalización, mejorando la equidad de los sistemas simplificados de tributación e incorporando un sistema simplificado para el Impuesto al Patrimonio, que al día de hoy no existe; también extendiendo el acceso gratuito a sistemas de facturación electrónica o implementando sistemas de pago automáticos para pequeños contribuyentes.

Pero para terminar, quiero detenerme en algo que entiendo de mayúscula relevancia para el próximo gobierno en materia tributaria y que hemos abordado en varias oportunidades en este espacio: el reto que supone para el Uruguay seguir adecuándose a los estándares fiscales internacionales sin poner en riesgo su estabilidad y atractivo para recibir inversiones, algo que siempre ha sido y seguirá siendo muy delicado. En la actualidad y en concreto, el desafío que implica el Impuesto Global Mínimo (GloBE, acrónimo de este impuesto en inglés).

Medidas defensivas

Como señaló el equipo económico del FA, el GloBE va a exigir medidas tributarias defensivas que permitan preservar el esquema de incentivos tributarios que se ha propuesto nuestro país soberanamente.

Regímenes uruguayos tan exitosos como el de zonas francas o promoción de inversiones pueden verse directamente afectados por GloBE; no en vano en algunas encuestas realizadas entre quienes aprovechan estos regímenes el GloBE figure como la principal preocupación.

Claro que para cada problema, hay una solución. Y el estándar GloBE de hecho admite como alternativa que los grupos multinacionales paguen un impuesto doméstico en el país donde operan, en este caso Uruguay, para que ese país no compita fiscalmente fuera de lo márgenes establecidos, pero tampoco pierda tributación.

Varios de estos grupos estarían seguramente dispuestos a pagar en Uruguay un impuesto de esas características para evitar pagarlo a nivel de la matriz. Aunque este propósito no está exento de problemas.

Por eso, este tipo de impuestos domésticos debe implementarse con mucho cuidado y dentro del Marco Inclusivo y Peer Review de la propia OCDE, para evitar sobresaltos. A modo de ejemplo, y como señala la columna del equipo económico del FA, podría sostenerse que muchos beneficios fiscales actualmente vigentes en Uruguay no serían compatibles con el estándar GloBE, lo que exige un proceso de compleja adecuación que también puede traer una no deseable incertidumbre.

¿Conviene acelerar para evitar problemas a las multinacionales y no perder recaudación, o es acaso mejor esperar y ver cómo evoluciona el mundo?

Trump entra en el juego

Pues puede que estemos en un escenario de dos velocidades. Nadie puede negar que la victoria de Donald Trump como presidente en los Estados Unidos, podría conllevar un freno en la implementación del GloBE a escala mundial, como anticipamos el mes pasado en este espacio. Así ha trascendido en la prensa internacional, y era de esperar, por la proverbial reticencia de Trump por la burocracia técnica internacional y sus invectivas, que considera perjudiciales a su propósito de recuperar competitividad para las empresas de su país.

Donald Trump
Donald Trump, expresidente de Estados Unidos.
Foto: AFP

Sin embargo, tampoco puede desconocerse que la Unión Europea ya ha introducido el GloBE y muchas de sus empresas deben aplicarlo desde el año pasado o lo harán en el futuro inmediato. Este es un problema actual, pues las inversiones de origen europeo en Uruguay son muy significativas.

Solo el tiempo dirá si el freno de Trump termina en una renegociación de las condiciones de GloBE o si ambos bloques se desacoplan, como ya ha sucedido con el intercambio automático de información. O incluso si Europa también da un paso atrás en su aplicación, para no perder competitividad, como muchos reclaman. En todo caso, para países periféricos como Uruguay es un dilema serio, y los próximos meses serán cruciales para resolverlo.

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