Para los que estuvimos algún tiempo en el futbol existen secretos a voces que son reglas sagradas que cada club de 1.era división sabe y trata de cumplir. Una de ellas es: “Los campeonatos se ganan en el período de pases”.
Es tal cual. Si tu equipo adquiere el pase de un crack desnivelante y el otro no, lo más probable es que tu equipo salga campeón. Y, si no, pregúntenle a Peñarol por Leo Fernández (perdón, lectores bolsilludos).
En el arranque de los gobiernos pasa algo muy parecido. La conformación del gabinete dirá mucho respecto del éxito de una futura gestión de gobierno. Es importante “contratar” bien. Asegurarte tal vez “pocos cracks” (los suficientes) y sí muchos “jugadores que metan y suden la camiseta”, y por favor, gente idónea que no se corrompa. Yo sé que pido mucho.
La izquierda uruguaya a la hora de designar autoridades enfrenta limitaciones de distinto orden. Un verdadero rompecabezas para el comando de gobierno de Orsi. Hay que conciliar el compromiso de cubrir en los 3 niveles de gobierno los cargos con criterios de paridad de género (no se pudo y ni siquiera se arrimaron cerca al objetivo). Hay que cubrir cargos contemplando los más diversos sectores dentro de las 2 grandes fuerzas (tupamaros y comunistas). Hay que usar una política inclusiva para contemplar etnias, minorías LGBT, personas con discapacidades y en la medida de lo posible tratar de que el gabinete tenga un promedio de edad lo más bajo que se pueda para empatizar con el amplio voto “millenial” y no llenar de “carcamanes” el gobierno.
Al desarrollar todos los aspectos que se consideraron a la hora de elegir un equipo de gobierno debo reconocer que el “triunvirato de gobierno” (Lust dixit) tuvo un encomiable trabajo de taxidermia política para ir seleccionando por criterios que complejizan la tarea hasta del más pintado.
Es que la izquierda progre moderna demanda estas cosas. Inclusive en Uruguay donde todo parece llegar más tarde que en el resto del mundo. Ya hace mucho que los nuestros han incorporado pautas de la cultura Woke.
Era más importante incorporar a alguien de descendencia Afro o a alguien que presentara alguna discapacidad o “disidencia” que a alguien que perteneciera a esa repulsiva categoría que algunos expertos llaman: “Hombres heterosexuales pertenecientes a una hegemonía patriarcal y que además algunos de ellos pueden llegar a ser IDONEOS”. ¡Vade retro Satanás!
Nos resultó casi insólito comprender que la IDONEIDAD era en el compendio de valores para seleccionar ministros un elemento más, casi accesorio. Antes de esa valoración, primaron otros criterios y por suerte en algún caso encontramos la Idoneidad como uno de ellos y, por supuesto, allí aplaudimos la designación. Yo puedo disentir con Oddone o la Dra. Lustemberg en aspectos políticos, pero no podré jamás cuestionar sus capacidades para el cargo. Lo del exfiscal Negro no es cuestionamiento por idoneidad, sino la ratificación de sospechas sobre lo contaminada que está la Fiscalía en lo político partidario y lo mucho que aún manda dentro de ella el exFiscal Díaz.
En fin. No todo es negativo en mi análisis y me complace que el Triunvirato que cogobierna con Orsi hayan incorporado al gabinete personas no entreveradas con el pasado frentista en anteriores administraciones. Lo considero un acierto y lo valoro.