Parecería que la aprobación de la ley de reordenamiento jubilatorio hubiera implicado por parte del movimiento sindical un reconocimiento de su inevitabilidad abandonando la presión que aplicaba contra su sanción. Ello pese a las dificultades conocidas con Cabildo Abierto, que apostó a su conveniencia por encima de la coalición que integra, afortunadamente el proyecto se transformó en ley. Resulta una buena prueba de ello que el acto del 1ero de mayo, resultó con mucho menos apoyo del esperado. Apenas unos cuantos miles de militantes, pese a carteles y consignas, acreditan que el entusiasmo de los trabajadores no estuvo a la altura de la convocatoria. Quizás porque se trata de un ritual conocido donde la presencia del delegado cubano, como inequívoca señal de cuales son los movimientos del exterior con los que el PIT-CNT se identifica, volvieron a asomar.
Nuestra central sindical, pese a vivir desde hace 38 años en una democracia plena, sigue soñando con regímenes presuntamente cogobernados por los trabajadores, aún cuando ello suponga perder el pluralismo y la libertad. Tal como si el modelo comunista, repudiado en el mundo entero, menos en Cuba y Corea del Norte, sea el modelo a aspirar. Sin embargo, en medio de discursos delirantes, y de repetidas rechiflas, el Ministro de Trabajo y el Secretario de la Presidencia, tan estoicos como valientes, concurrieron y se sentaron en primera fila. Entendieron que con ello colaboraban con la democracia. Difiero con esa idea, pese a no ignorar que ambos concurrieron sin ningún entusiasmo y a costa de sus convicciones. Sigue siendo hora de repudiar manifestaciónes dictatoriales como la que inequívocamente supone invitar a estos actos a delegados de la peor dictadura latinoamericana, de sesenta años de edad. Un modelo donde partido y sindicato, ambos carentes de oposición, no admiten diferenciación. Si tal como sucede desde el gobierno central se mantiene un claro apartamiento crítico de este tipo de experiencias, no hay razones para adornar sus actos y sus arcaicos discursos, con representantes de la democracia. Tal como se hace desde hace muchos años. La misma democracia que de acuerdo a su esencia pluralista y liberal, les permite existir, no puede implicar apoyo en ningún plano, ni el más nimio.
En otro plano, a partir de este momento comienza otra lucha. Culminar la difícil y larga tarea por la educación y defender esta buena ley de los intentos de anularla. Lo que por supuesto no quiere decir negarse a perfeccionarla. La crisis de la seguridad es un fenómeno que se manifesta en la actualidad: cuesta más del 12% del producto. Pretender aumentar ese porcentaje es un evidente absurdo que priva a los futuros gobierno de apoyar áreas como la niñez o la pobreza, donde resulta fundamental acudir. Aumentar la carga tributaria (ya amplia) de las empresas debilita su capacidad de subsistir e invertir. Hacer lo mismo con la carga impositiva general, la de los ciudadanos, supone pagar salarios (por más que jubilatorios) con transferencias de quienes en nada se relacionan con tales relaciones de trabajo. Esto y más deberá ser explicado para que todos entendamos que las quimeras no existen y las mentiras dañan.