¿Modelos a seguir?

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En un viaje a Israel, septiembre de 2022, conocí el ecosistema de innovación e investigación; antes del ataque terrorista. Un país del tamaño de Tacuarembó que tiene un PBI per cápita más de 2 veces al uruguayo. Listemos: está en una zona de conflicto -hoy guerra- con sus vecinos. Por ello construyeron el Iron Dome, un sistema antimisiles y de alerta y combate temprano ante ataques. No tienen recursos hídricos: producen agua líquida, a partir de la humedad ambiente y tienen sistemas de riego, desalinización y potabilización sofisticados y muy eficientes. Tienen una población cada vez mayor de religiosos ortodoxos que no necesariamente trabajan o estudian, por lo que entre otras cosas tienen planes de incentivos para la inmigración de judíos en la diáspora, con subvenciones por varios meses de alojamiento y eventualmente trabajo, si no lo consiguen. A Israel se le conoce como la Startup Nation: son más de 8000 startups en el centro de un ecosistema dinámico, que es completado con otros actores: multinacionales, inversores, Estado presente en su rol, sociedad civil organizada para promover ecosistema, universidades, investigadores y transferencia tecnológica.

Por otro lado, está Suiza, el país número uno en el ranking de innovación pero con grandes problemas de escasez de recursos, población envejecida y un mercado pequeño. Neutralidad política, independencia económica, PBI per-capita más de 3 veces mayor que el uruguayo. Un ecosistema emprendedor que combina una red de universidades de excelencia como la ETH de Zúrich, el CERN (organización europea de investigación nuclear) con un sólido sistema de transferencia tecnológica que conecta la academia con la industria. Grandes multinacionales, como Nestlé o Roche, coexisten con pequeñas y medianas empresas altamente innovadoras, mientras que el gobierno desempeña un rol facilitador, invirtiendo en infraestructura y en programas de apoyo a la innovación. La colaboración público-privada es clave con clústeres que integran sectores diversos, como las ciencias de la vida, la ingeniería y las tecnologías limpias.

¿Cómo sintetizar la relación entre los problemas y las soluciones que han buscado? En Israel, el sentido de urgencia combinado con osadía (Chutzpa, le llaman), porque ante los desafíos descritos se les va la vida, literalmente hablando. Suiza también tiene sentido de urgencia: mantener su status y bienestar entre grandes vecinos y seguir siendo innovadores para una economía que se ha caracterizado por la precisión, la calidad y un bajo perfil: por estilo y por conveniencia.

“En Uruguay no nos mata nada”, decíamos en el recorrido por Israel. No hay guerra, ni conflicto religioso, ni escasez de recursos básicos para vivir. En la realidad sí, hay por lo menos 3 causas que provocan muertes que no deberían suceder: la salud cardiovascular, los hogares pobres donde viven niños, la salud mental y me animaría a decir, emocional. El lector estará preguntándose ¿qué tiene que ver la innovación con la pobreza infantil, salud cardiovascular y mental? Es una relación muy estrecha. La calidad de nuestra actividad productiva, de las empresas, de las organizaciones académicas, de las tecnoburocráticas y ONG genera el ecosistema para crear soluciones a los problemas en los que se nos va la vida. Hay indicios de que vamos por buen camino para ser una economía desarrollada; faltan años. A no aflojar porque el sentido de urgencia se nos cae en la distracción de la autocomplacencia.

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