Observadora | Montevideo
@| Como ya ha pasado un tiempo más que prudencial, me veo en la obligación de escribir esta carta para que llegue a las autoridades pertinentes. Hace más de tres semanas, comenzó esta historia que les voy a contar y que hasta la fecha de publicación no ha tenido un final feliz.
Todos los días, tomo el ómnibus para ir a trabajar en la misma parada: Avda. Millán y Cisplatina. Una de esas mañanas, noté que de un contador de OSE, que se encuentra en la vereda, emanaba bastante agua que circulaba hacia la calle.
Como soy bastante cuidadosa con el agua (que por cierto pagamos todos) llamé a hacer el reclamo para que no se siguieran perdiendo cientos de litros de agua potable. Me tomaron el reclamo y me dijeron que enviarían una cuadrilla que, por supuesto, no fue al otro día, sino unos días después. Llegaron a inspeccionar el lugar, pero se dieron cuenta de que iban a necesitar otras herramientas para romper la vereda. El agua siguió corriendo...
La semana siguiente volvieron, ahora ya con todo lo necesario. Rompieron la vereda, llegaron al caño, hicieron una unión y se fueron. Nunca se percataron porqué a pesar de que ya no perdía por ahí, debajo del cordón y por la calle emanaba un hilo de agua. En fin, a los tres días, nuevamente el caño arreglado volvió a perder agua.
Volví a llamar y a los pocos días volvieron. En esa oportunidad los encontré trabajando y les comenté de mi inquietud por el agua que emanaba del cordón hacia la calle. Ninguno me supo dar una respuesta. Me dijeron que la orden que tenían era arreglar ese caño, pero de lo otro, ni idea. Quizás algún ingeniero podría entender un poco más la situación.
Lo cierto es que hace más de tres semanas que están para solucionar un caño que pierde agua limpia; cientos de litros que pagamos todos los uruguayos. Por otro lado, esa agua circula por la calle y tarde o temprano afectará el pavimento. Y por supuesto la vereda (que estaba impecable) está rota, esperando que una vez que OSE logre terminar el trabajo correctamente, envíe otra cuadrilla a repararla.
No sabemos cuándo terminará esta historia, pero mientras tanto: ¡festejen uruguayos, festejen!