En Peñarol hay dos escenarios, uno deportivo y otro institucional. O al menos esos son los que eligió el argentino Guillermo Narvarte para analizar su llegada al Palacio Gastón Guelfi.
“Es un desafío, genera adrenalina. Uno no puede elegir los escenarios para llegar a los equipos. Es muy difícil que a vos te llamen cuando el escenario institucional y el deportivo están a tope, sino que a vos te llaman ante una determinada crisis”, dijo el experimentado entrenador en entrevista con Ovación, y no pudo haber sido más acertado.
En el plano deportivo, Peñarol puso todas sus fichas para ganar la Liga y hoy está un escalón por debajo de Aguada y Nacional, sus rivales a vencer, el que lo privó del objetivo el año pasado y el de todas las horas. Y el plano institucional, que hoy condiciona el mal presente del fútbol, radica en que sus hinchas siempre exigen ganar por su condición de cuadro grande, y esa presión se siente en todos los niveles.
Para dominarla, Narvarte apela a su experiencia: “Me ha tocado vivirlo por ejemplo en Boca Juniors, que durante las tres temporadas que estuve perdió la final en Madrid”, y la paciencia pendía de un hilo, según recordó.
“También me tocó dirigir al Peñarol de Mar del Plata, uno de ‘los grandes de la Liga Nacional’. Hay un prestigio por detrás de estas instituciones que uno sabe que tiene que representar. Los clubes con tanta gloria en su historia tienen paladar negro”, reflexionó para explicar la demanda de sus hinchas y el "orgullo", que no se debe ignorar.
“Pero de la noche a la mañana no se sale campeón, hay cosas en el medio”, se autointerrumpió el DT de 59 años, con pasado en Biguá y Goes de la Liga Uruguaya de Básquetbol, y otro montón de clubes grandes del Latinoamérica.

Viene de dirigir las últimas dos ligas nacionales de México, una con Abejas de León y otra con Dorados de Chihuahua, club del que se desvinculó en los últimos días por “una discusión” por la sobrecarga de viajes en el calendario del torneo estadual de Chihuahua. En 2024 fue sexto de la fase regular, fue a Playoffs y perdió en cuartos de final en manos del campeón, Diablos Rojos.
Para volver a Uruguay fueron varios los motivos: “Primero que me llamó un club importante de América y el mundo, con prestigio internacional”. Segundo: “Uruguay es un lugar donde siempre me he sentido bien, tengo mucha gente amiga. No solo vengo a trabajar, he venido a pasar fiestas, de vacaciones con la familia. Tengo mucha gente cercana del básquet, conozco la idiosincracia de la Liga, estoy interiorizado sobre el mercado de jugadores”.
Dijo que del club le manifestaron que van “por lo máximo”, pero que algunos malos resultados o “determinados objetivos a corto plazo que no se cumplieron” (entiéndase por los tres clásicos perdidos), generaron “una incertidumbre que te hacen sentir más lejos de ese objetivo principal”: el título. “En el club influyen factores de afuera hacia adentro y viceversa, es complejo, pero hay que convivir con esa dificultad”, aseguró.
Del plantel conoce a todos de enfrentarlos alguna vez, salvo Sean Armand. Y dirigió a Nacho Xavier en Goes. “Uno sigue la Liga, no todos los partidos pero sí los clásicos y equipos principales y está al tanto de los jóvenes que van apareciendo”.
Sobre el equipo, al que vio el viernes por primera vez, dijo que “es el que es”: “No sería responsable de mi parte opinar sobre el armado, a los técnicos siempre nos falta algo. Pero creo que podemos competir, por supuesto, sino no hubiera venido. Lo que está para descubrir es nuestro techo, la competencia te pone en el lugar que corresponde”.

Trajo de asistente a Leandro García Morales, a quien dirigió en Biguá y conoce de muchos años: “Él estuvo trabajando en México, tenemos mucha gente en común. Hemos hablado mucho, sé como piensa y él sabe como pienso yo. Dejamos la puerta abierta a que me acompañara si se presentaba una posibilidad, y se dio en Uruguay", dijo como atribuyéndoselo al destino.
Y calificó la relevancia de que García Morales vuelva al país: "No solo conoce el medio a la perfección, sino que sinceramente para mi trabajo es sumamente útil, y me parece que para el club y para el básquetbol uruguayo es muy bueno que Leandro sea partícipe. No voy a descubrir quién es ni lo que ha sido como jugador: dotado técnicamente, con mucha formación y un IQ sumamente alto. Además un tipo positivo y un competidor nato”.
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