Por Santiago Vanoli
Diego Bottaioli estudió Educación Física en el Instituto Universitario ACJ. Es fanático del tenis, pero la vida lo fue acercando poco a poco al fútbol: primero le tocó dirigir en la Liga Universitaria y después al equipo del Liceo Juan XXIII. Viajó a Barcelona para realizar un Master Profesional de Alto Rendimiento en Deportes de Equipo, en una época que coincidió con la era de Guardiola y Messi en el Barça, y que le despertó el interés por los cursos de entrenador UEFA y por “los procesos metodológicos y la preparación física orientada específicamente al fútbol”.
En 2017 desembarcó en Los Aromos. Trabajó en las divisiones formativas de Peñarol durante dos años y uno en el primer equipo, y luego se fue junto al DT uruguayo Camilo Speranza a trabajar en el Club Deportivo Independiente Juniors (filial de Independiente del Valle, que compite en la Serie B de Ecuador), porque tomó como un "progreso personal" formar parte de un cuerpo técnico (CT) y dejar de ser empleado de un club. Luego tuvo un breve pasaje por el Cumbayá Fútbol Club, también de Ecuador y recién ascendido a la Serie A, donde estuvo seis meses hasta que llegó la llamada de Martín Anselmi para integrarse al CT de Independiente del Valle (IDV), esta vez sí el primer equipo.
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Los rayados del valle
Según Bottaioli, llegar a Ecuador fue todo un desafío porque hay una “cultura futbolística muy diferente (a la uruguaya), con jugadores de características diferentes, muy veloces”. Pero para su segunda etapa en IDV ya tenía conocimiento del medio y, por supuesto, del club.
Anselmi, por su parte, comenzó su carrera como asistente técnico de Gabriel Milito en Independiente de Avellaneda en 2016, tuvo breves pasajes por algunos clubes de Sudamérica hasta que en 2019 integró el CT del español Miguel Ángel Ramírez, que llevó a IDV a conquistar su primera Copa Sudamericana, cuando el continente recién empezaba a notar que el éxito de este club no era algo coyuntural. En junio del 2022, el entrenador argentino fue elegido para liderar el proyecto del club y formó su propio CT.
Al momento de su arribo al club (tanto de Anselmi como de Bottaioli), Los rayados del valle habían sido 4º en la primera etapa de la Serie A (liga ecuatoriana) y 3º en la fase de grupos de la Copa Libertadores, clasificando así a los Octavos de final de la Sudamericana.
—¿Cuáles fueron los objetivos marcados por el club cuando llegaste?
—Los objetivos los conocíamos bien. Es un club que quiere ganar a toda costa, como cualquier otro equipo grande, no solo jugar bonito.
Los objetivos por delante eran la segunda etapa de la liga, la Copa Ecuador y la Sudamericana, que a los 30 días de llegar había que jugar los Octavos con Lanús. Eran tres frentes en los que teníamos que competir, para ganar en los tres.
—¿Cómo gestiona el PF a un plantel que debe pelear en tres frentes?
—Fue importantísima la gestión de la carga, que monitoreamos todos los días con sistemas de GPS y biomarcadores sanguíneos para ver el daño muscular de los jugadores. Es importante el trabajo del cuerpo médico, como también la gestión de los minutos jugados.
Fueron 32 partidos en cinco meses, con 120 sesiones de entrenamiento y un plantel no tan extenso, de 22/23 jugadores. Y conseguimos dos de los tres objetivos: la Copa Ecuador, que nos dio la posibilidad de jugar la Supercopa de Ecuador, y la Sudamericana, que nos llevó a la definición de la Recopa Sudamericana.
—¿Cómo fue el camino hacia la Copa Sudamericana?
—Fuimos creciendo con el paso de los mata–mata, desde la convicción y del juego. Recibimos muy pocos goles y fuimos un equipo muy goleador (en resultados globales, ganaron 2-1 a Lanús, 5-1 a Deportivo Táchira y 6-0 a Melgar). Llegada la final, a partido único y en cancha neutra, sabíamos que San Pablo tenía cualidades individuales, pero colectivamente nos sentíamos mejores. Llegamos muy bien desde lo táctico, físico y mental, y con todos los jugadores disponibles.
Personalmente fue una experiencia emocionante llegar a Córdoba (Argentina) y estar en un lugar que la Conmebol dispuso especialmente para nosotros, en una final continental, y haber ganado con alguna bandera uruguaya en la tribuna, entre todas las ecuatorianas.
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—¿Las finales contra el temible Flamengo?
—Flamengo está varios escalones por encima de la mayoría de los clubes de Sudamérica, tiene una plantilla de 160 millones de dólares y nosotros de 19. Viene dominando el continente y lo demostró ganando la Libertadores. Contra nosotros han tenido experiencias positivas y negativas, pero en Quito nunca nos habían ganado, y entendimos que había que aprovechar la localía para tener una oportunidad. Colectivamente y en casa, teníamos confianza de ser superiores y dominadores, y así fue.
La vuelta fue diferente, porque el Maracaná es un contexto hostil, no se escucha nada, la cancha es muy rápida, y todavía llovió y estuvo más rápida. Por todo eso y porque había 71 mil personas gritando todo el tiempo, y por todas las cualidades que ellos tienen como equipo, fue una final dura. Las claves fueron el orden defensivo y táctico, el sacrificio y las ganas de ganar. Nos metieron un gol faltando 20 segundos, pero en el alargue se vio como que aflojaron y especularon un poco más. Aguantamos 210 minutos contra el mejor equipo de América, llegamos a los penales, el golero atajó y los jugadores embocaron, y la copa se fue para Ecuador.
Yo creo que la Recopa es el título más importante en la historia de IDV, por a quién se le ganó, en dónde y cómo.
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La fórmula
Además de la Sudamericana y la Recopa, Independiente del Valle ganó la Copa Ecuador, que le dio el pasaje a la final por la Supercopa ecuatoriana, a definirse con el campeón de la Serie A: el Aucas. El partido se jugó el 11 de febrero y terminó con una aplastante victoria 3-0 para el equipo de Martín Anselmi. En 9 meses de trabajo, el CT del entrenador argentino y el PF uruguayo llevan cuatro títulos: dos nacionales y dos continentales.
El equipo del Valle tiene 65 años de historia desde su fundación en 1958. Sin embargo, su época dorada tiene fecha y nombre propio: en 2007, Michel Deller (empresario multimillonario, dueño de la franquicia KFC en Ecuador, entre otras cuantas empresas y negocios nacionales e internacionales) se transformó en el propietario del club, cuando militaba en la tercera división. Luego de solo tres años ascendió a la Serie A, ya con una identidad: “basarnos en jugadores jóvenes”, dijo el propietario en entrevista con ESPN. En 2016, de la mano del DT uruguayo Jorge Repetto, empezó a resonar en el plano internacional cuando llegó a la final de la Copa Libertadores, que quedaría en manos de Atlético Nacional de Colombia.
Y el palmarés del club se puede acotar solo a su época dorada, en la que acumula una Serie B, una Serie A, una Copa Ecuador, una Supercopa ecuatoriana, un subcampeonato de Copa Libertadores, dos Conmebol Sudamericana y una Recopa Sudamericana, además de innumerables campeonatos nacionales juveniles en todas las categorías. Llamativamente, desde 2016 hasta el presente, el primer equipo ha cambiado de entrenador ocho veces, pero el éxito se mantiene.
—¿Cuál es el método del club para cambiar tanto de entrenador y que los buenos resultados continúen?
—La mayoría de los DT se fueron para mejorar sus condiciones, no porque el club los haya echado. Hay una estructura que soporta a cualquier CT de turno, y ahí voy a las juveniles. Lo más importante en un club de fútbol son los jugadores, no son los dirigentes, ni el CT ni nadie más. En el complejo de IDV entrena la Sub 13, Sub 15, Sub 17, Sub 19, el filial, Las Dragonas (equipo femenino) y el primer equipo. Todo se desarrolla en el mismo lugar, con una alta calidad en su infraestructura y en la gente que gestiona el desarrollo de esos niños, que están 24/7 ahí, comen, entrenan y estudian ahí.
—¿Estudian dentro del complejo?
—Hay un colegio inmerso en el complejo y adaptado al futbolista. No es el futbolista el que se adapta al centro de estudios, sino al revés.
—¿Los futbolistas formados en el club son el fuerte de IDV?
—El club contrató a una persona que viene del Real Madrid, con mucha experiencia en scouting, que se ha comido el mercado. Si en Ecuador hay cinco chicos buenos, cuatro van a IDV. Eso hace que si se vende un jugador, pueda subir otro que lo haga igual de bien. En la segunda final de la Recopa entró en el mediocampo un chico de 19 años, contra Flamengo en el Maracaná lleno, y lo hizo bien porque estuvo preparado. Capaz a los 6 meses se va, pero va a subir otro.
Hay 40 escuelas repartidas entre las provincias de Ecuador y cinco escuelas élite. Si vos estás del otro lado del país podés sentirte parte de IDV, con la misma formación que se tiene en el club, teniendo 7, 8 o 9 años. A los 10 años te mandan al complejo para empezar el proceso de formación, ubicado en Quito.
—¿Y los que no suben al primer equipo?
—La última parte de la formación termina en el filial, donde agarran un roce más competitivo porque juegan en primera, pero en la B. Entonces están más preparados para cuando les toque debutar en el primer equipo.
—¿Creés que esa es la gran diferencia entre IDV y Peñarol o Nacional, para alcanzar el éxito internacional?
—IDV es diferente al resto de los clubes de Ecuador, es un club europeo metido en Ecuador. Los demás equipos de la liga tienen menos infraestructura e ideas y visiones diferentes. IDV es el uno a todo nivel, no hablo de trofeos, historia o gente, porque evidentemente no, pero en el presente es el club que domina en Ecuador indudablemente.
En Uruguay la formación es diferente. Tenemos jóvenes con mucha hambre y una historia que se les va contando a los más chicos, que les marca un camino. Hay muchos ejemplos de futbolistas ganadores y que los gurises crezcan entre ellos da seguridad, porque se pueden visualizar en esos referentes, que transmiten muchos valores más allá de lo metodológico, y se forman personalidades más competitivas y de mayor liderazgo.
Ecuador no cuenta con tantos de esos referentes en los que te puedas reflejar, cada vez más, pero no tantos como Uruguay. A través de resultados y de la educación más futbolistas ecuatorianos están logrando mantenerse en Europa, hacerse un nombre y representar al país en el primer nivel.
—¿Y en cuanto a la infraestructura del club?
—Está en constante crecimiento. Por ejemplo, al ganar la Sudamericana, hablamos con el propietario del club para pedirle agrandar y mejorar las áreas de trabajo del primer equipo. El gimnasio no estaba mal, pero no se correspondía con las exigencias que tenía el equipo, ni con la visión del club, adónde apuntamos. En el parate octubre–enero (por el Mundial) se construyó un gimnasio de 470 metros cuadrados. Eso da muestra de la capacidad de IDV hoy en día, es un modelo económico sustentable, que lo que ingresa por venta de jugadores y resultados deportivos, se reinvierte para mejorar.
El estadio (Estadio Banco Guayaquil, con capacidad para 12 mil espectadores) lo hizo el año pasado, está a una cuadra del complejo, vamos caminando a los partidos.