Trabajó en publicidad, tuvo un gimnasio, se formó como "soul coach" y hoy conduce un programa de televisión

Mónica Guglielmetti habla de su carrera, sus pasiones, de cómo se convirtió en "soul coach" y cuenta por qué influyeron para mal las redes sociales en las parejas.

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Monica Guglielmetti.
Monica Guglielmetti.
Foto: Gentileza.

Se hizo sola, se reconvirtió y mutó siempre buscando su mejor versión, y hacer alforar la mejor versión de todos nosotros. Mónica Guglielmetti recibe a Sábado Show en el living de su casa, donde filma el ciclo Mereces lo que sueñas que se emite por NSTV, también está disponibles en Youtube y el streaming NSNow. Es “soul coach”, es la única en Uruguay, y en esta entrevista con Sábado Show habla de su vida, su carrera y da algunos consejos para estar mejor y superarnos.“Ante un mismo diagnóstico hay quienes lo toman como algo a superar, y otros lloran y se desaniman. ¿Quién tiene más posibilidades de curarse?”, pregunta la “soul coach” que con su simpatía y desenfado se ganó un lugar en los medios uruguayos.

Mónica Guglielmetti es una mujer que ha sabido reinventarse. Quiso ser psicóloga porque siempre quiso ayudar al prójimo pero no le gustó y se formó como secretaria ejecutiva. Se licenció en marketing y llegó a ser ejecutiva de cuentas para una importante empresa de publicidad. En 1999 cambió de rumbo y fue gerenta de marketing para una empresa de telecomunicaciones, tuvo un gimnasio y hoy es soul coach y además conduce Mereces lo que sueñas que se emite los jueves por el canal de cable Nuevo Siglo TV.

“Nada me fue fácil”, dice Guglielmetti. “Había perdido cuatro embarazos por inseminación artificial, y cuando nace mi hija, Maite, en 2004, estaba con ella una hora por día y que le estaba dando todo mi tiempo y talento a una empresa que no era mía. Yo tenía una pasión por el fitness vi que no había un gimnasio solo para mujeres, y cuando mi hija cumplió dos años abrí un gimnasio, mi propia empresa, en Ciudad Vieja”.

Monica Guglielmetti.
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Foto: Gentileza.

—¿Cómo te conviertes en soul coach?
—Siempre me atrajo el ayudar al otro a encontrarse, y tenía una fascinación por un autor llamado Wayne Dyer, quien le enseñó al mundo lo que realmente tenemos que saber, más que someternos a terapia: cómo tenemos que vivir. Ahí empecé a interesarme por el soul coach que estudié en la Universidad de Florida. Mi primera visita a Miami fue en 2008 y pude ver a Dyer quien dio una conferencia icónica. Le dije a mi mejor amiga: “quiero ser como él” y el universo quiso que lo conociera. Fue maravilloso hablar con él y que me hiciera entender que no hay imposibles, porque lo imposible lo pone la mente. Por eso yo no acepto el “no”, el “no se puede”, “no es posible”, porque eso te limita.

—¿Eso estudiaste?
—Yo me gradué para atender personas con una fisiopatología psicológica normal que quieren aprender a ser mejor versión. No es ser mejor que tu compañero de trabajo u otra persona, es ser tu mejor versión. Porque el potencial de cada uno lo sabe cada uno, y es uno el que se pone los límites. Pero hay muchas personas que necesitan ayuda para eso. No se nace asertivo.

—¿Por qué temas te consultan?
—Los temas que traen a la terapia son el duelo por la muerte de un hijo, o el final de una pareja, porque eso también es un duelo. Ni te digo si sos el abandonado y el corneado. Una mudanza también es un duelo, por más que sea para mejorar.

—¿Nos cuesta salir de la zona de confort?
—A la mayoría de la gente, sí, le cuesta.

Monica Guglielmetti.
Monica Guglielmetti.
Foto: Gentileza.

—¿Qué te diferencia de un psicólogo u otro tipo de terapia?
—Lo primero es que jamás te voy a poner un reloj y decir: “se terminó la hora”, cuando te estoy contando que se murió tu vieja. Yo no uso reloj, aunque normalmente el déficit atencional hace que a la hora y cuarto se termine. La primera sesión es la única vez que voy al pasado, porque necesito saber cómo naciste y cómo fue tu infancia. No estoy de acuerdo con Freud que toda la culpa la tiene el sexo, mamá, papá y el perro, no, pero como decía Bernardo Stamateas, las madres y los padres son los primeros tóxicos de tu vida. Yo tuve una tía que era excelente concertista de piano que no logró consagrarse porque mi tia abuela no la dejó viajar. Entonces, cuando vienen a la consulta saben que no hay reloj, y que van a estar conmigo 24/7. Me comparo con el coach de un deportista. Imaginate un Rafael Nadal, tiene un coach todo el día porque si a las tres de la mañana le viene un ataque de pánico antes del partido, lo va a llamar. Y yo tengo ese contacto.

—¿Y en la segunda sesión?
—Ya hacemos lo que se llaman: Metas terapéuticas, lo que se quiere conseguir. Puede ser elevar el autoestima, que no importe la opinión ajena, aprender a decir que no. A partir de eso empezás a trabajar en lo que se llaman las bases del coaching que son: agradecer (es fundamental ser una persona agradecida, es una actitud ante la vida; se puede agradecer el haberse despertado, estar en una cama caliente, tener salud), lo otro es meditar, porque te conecta con tu ser interior, y después está el decreto o la manifestación, que es visualizar tu sueño.

—¿Habías “decretado” estar en televisión?
—No sé cómo hizo la tele para encontrarme, nunca decreté eso. Mi decreto era hacer un libro pero es que el universo hace trampas y hace lo que en el momento es mejor para vos. Yo tuve muchas pérdidas, tuve una mamá psiquiátrica, llegaba a mi casa y no sabía con qué mamá me encontraba, no sé lo que es tener una madre que cuando llegaras te abrazaba. Y uno de los grandes secretos de la vida es aprender a perdonar. Si no perdonás, pedís perdón, ni te perdonás, nunca vas a crecer somo ser humano. Yo perdoné a mi madre porque entiendo que estaba enferma, y si ella no hubiese sido como fue, yo no sería quien soy. Porque tuve que ser resiliente, y cuando nació mi hija no repetí el patrón de mi madre. Me fui para el otro lado, una madre pesada, pero sigo siendo una madre divertida, piola.

—¿Nos importa mucho la opinión ajena?
—Sí, es un tema que consultan. Yo trabajo mucho con enfermos terminales, y las personas al momento de morir se arrepienten más de lo no hecho que de lo hecho. Cuando te vas a morir, vas a estar solo. Por más que esté tu esposa, hijos y nietos al lado vas a estar solo, porque nos vamos solos, como vinimos.

—En tu programa has entrevistado a varias caras conocidas de la televisión. ¿Te has hecho amiga de alguno de ellos?
—Aldo Silva, Roberto Moar, Lourdes Ferro, las mujeres son más bravas. Hay competencia y una lucha de egos medio boba. El ego es algo contra lo que vamos a luchar toda la vida. Yo hablo de eso en mis redes y programas, porque en Youtube y las redes hay una cantidad de seudogurúes que aconsejan y en la vida les va como el orto, ¿por qué no salen y dicen la verdad?. Eso hizo Pilar Sordo que el año pasado tuvo ataques de pánico y salió a decirlo. Ella graba videos como yo y los sube a las redes.

—En todos los videos, siempre bien maquillada.
—Sí, Claudio María Domínguez me bautizó “la Susana Giménez de la espiritualidad” y quedó, porque después me lo dijo Gabriel Rolón. Tengo una cosa “susanezca” porque también soy atropellada, no me gusta salir a cara lavada. Para mí la clave es ser espontánea. Creo que tal vez ese es el secreto de la soul coach que ahora conduce televisión: ser feliz con lo que hago.

—Si no es tan difícil ser feliz, ¿por qué no lo somos?
—Porque no encontramos lo que nos gusta. La gente tiene primero que encontrar cuál es su pasión. Eso requiere salir de la zona de confort, lo que no todos están dispuestos a hacer porque es más fácil estar en un trabajo que no me gusta que salir a estudiar para convertirte en lo que soñaste.

—¿Y cuál es tu próximo sueño?
—Quiero hacer radio. No lo quiero hacer sola, sería con Jesús Graña, solo nos queda entrar a la radio. Me gustaría la radio porque me permite la interacción con la gente, que me digan: “Mónica, me está pasando tal cosa, ¿qué puedo hacer”, y no darle una terapia, pero sí decirle qué poder hacer.

—Usás mucho las redes sociales, ¿han ayudado a las relaciones o solo llegaron para empeorarlo todo?
—Yo hago muchos cursos sobre el tema pareja y me parece que han influído, para mal, las redes sociales en las relaciones de pareja. El “ghosteo” en Whatsapp, desaparecen y no hablan nunca más. Eso destruye el amor propio. Me interesa mucho el tema de las redes y las parejas, y el Whatsapp debería de ser un medio para comunicar algo cortito, pero no para estar dos horas discutiendo, o estar en un evento y revisar cada dos segundos el celular para ver si está en línea. Puede que en el momento esté ocupado y no te pueda contestar, pero si pasaron dos días y no te responde, es porque no tiene interés ninguno. Ahí mirá tu amor propio, pero igualmente en esos momentos me preguntan en la consulta: ¿le escribo?

—¿Y qué les respondés?
—Les digo: ¿si te interesa alguien le contestás? Hay silencios que valen más que mil palabras. Si le escribiste, vio el mensaje y no contestó, ¿qué te dice? Hay una generación de mujeres que me está asustando.

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