"Más gente los conoce de lo que piensa”, arriesga la bióloga Sheena Salvarrey en diálogo con El País. Hagamos la prueba: ¿sabe distinguir un abejorro de una abeja? Para un próximo encuentro, tenga en cuenta que una diferencia puede ser el color: algunos son completamente negros, aunque también los hay con rayas amarillas. Otra, más notoria, es su tamaño y forma: los abejorros son más grandes y redondeados y su cuerpo es más peludo. Si tiene apifobia, esto puede preocuparle: pueden picar varias veces y no solamente una. Y hay dos cosas que los distinguen por completo: los abejorros construyen sus nidos bajo tierra, de forma poco visible, y no producen miel ni material de colmena adecuado para la venta, por lo que su uso comercial se debe exclusivamente a sus servicios de polinización.
¿Quiere conocer una diferencia aún más llamativa? “La reina es plebeya”, dice Salvarrey. A diferencia de las abejas melíferas, la reina de los abejorros trabaja -y mucho- para la subsistencia de la colonia, más allá de la reproducción.
Sin embargo, a la especialista, quien lidera el primer emprendimiento uruguayo que comercializa abejorros para mejorar la polinización de cultivos comerciales, le inquieta lo siguiente: que pocos reconozcan su rol ecológico.
“Tienen muchas particularidades biológicas que los hacen excepcionales para la polinización”, explica la investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar).
Una de ellas es su aparato bucal: poseen una probóscide más larga (unos siete milímetros) que la de sus “primas” famosas, lo que les permite extraer néctar de flores con corolas profundas. Esta ventaja les otorga una mayor capacidad polinizadora.
Esa misma cualidad es clave en SheeBee, el proyecto que Salvarrey lleva adelante junto al apicultor Diego Rosenbach, con el apoyo de la Fundación Ricaldoni, la Agencia Nacional de Desarrollo y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación. La iniciativa incluye la cría en cautiverio de las dos especies nativas de abejorros (Bombus atratus y Bombus bellicosus), la instalación de colonias adaptadas a las necesidades de cada cultivo y el monitoreo del estado sanitario de los insectos.
Dato extra: en el mundo hay identificadas unas 20.000 especies de abejas. Dentro de este grupo, el género Bombus, que incluye a los abejorros, cuenta con aproximadamente 240 especies.
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Insectos especializados.
En Uruguay, la polinización realizada por insectos (polinización entomófila) aporta aproximadamente US$ 115 millones anuales al sector agrícola, según cálculos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP)
La falta de polinizadores eficientes afecta a los productores que cultivan bajo invernáculo especies como tomate, melón y zapallito, donde los abejorros y otros insectos contribuyen entre 40% y 70% a la polinización. Un dato llamativo: en el caso del cultivo de tomates, cuya producción anual ronda los US$ 1,2 millones, la ausencia de un buen polinizador puede reducir la facturación en unos US$ 40.000 por invernáculo.
“Uno de los cultivos donde más se lucen (los abejorros) es el tomate, porque esta planta no produce néctar y solo es visitada para la extracción de polen por ellos y por algunas abejas nativas solitarias”, explica la bióloga Salvarrey.
Los tomates sacan la mejor versión de los abejorros como polinizadores gracias a un comportamiento especializado llamado “polinización por zumbido”.
Durante este proceso, los abejorros se agarran de las anteras de la flor (las estructuras donde se produce y almacena el polen) y contraen los músculos de sus alas, generando vibraciones de alta frecuencia -de cientos de ciclos por segundo- que facilitan la liberación del polen.
Otro cultivo donde los abejorros destacan como polinizadores es el trébol rojo, una de las leguminosas forrajeras más utilizadas en el mundo. Diversos estudios sugieren que las abejas melíferas no lo polinizan eficientemente. Aquí, la ventaja de los abejorros radica en su probóscide más larga, que les permite alcanzar con mayor facilidad el néctar de sus flores.
El néctar es la única fuente de energía para los abejorros, el polen es el alimento proteico y es esencial para mantener el crecimiento de las larvas, pero sin néctar los abejorros adultos mueren en unas pocas horas. Entonces se espera que el crecimiento, la supervivencia y la reproducción de las colonias de abejorros dependan de la tasa de ganancia neta de energía de la colonia. Así, las obreras buscarán maximizar su beneficio neto trabajando en aquellas especies vegetales en las que obtienen mayor cantidad de néctar por unidad de tiempo con el menor gasto energético.
El valor de los abejorros nativos no se restringe a los cultivos agrícolas; según Salvarrey, también desempeñan un rol clave en la conservación de la diversidad vegetal, al polinizar una gran cantidad de especies silvestres.
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Qué es SheeBee
A través de SheeBee, Salvarrey implementa planes de polinización con colonias de abejorros nativos, criados y adaptados por ella misma a las necesidades de cada cultivo. Cada colonia incluye una reina -que “funda el nido”- y algunas decenas de obreras que se encargan de la polinización, mientras la reina continúa con la reproducción. “El recambio generacional debe ser continuo para satisfacer la demanda de alimento de huevos y larvas”, explica a El País.
La reina es una “plebeya”, como la llama la bióloga, porque su trabajo empieza desde el principio: es la única capaz de sobrevivir al invierno. Para ello, entra en hibernación en un refugio seguro y seco bajo tierra. Cuando despierta, busca néctar y acumula polen hasta encontrar un sitio adecuado para construir su nido. “Primero fabrica una especie de vasijita para almacenar el néctar y tenerlo disponible. Todo este proceso le lleva entre un mes y mes y medio. Luego pone los huevos y emergen las primeras obreras”, detalla Salvarrey a El País.
Los machos abandonan el nido pocos días después de emerger, buscan pareja, se aparean y mueren. A estas alturas, “la reina puede tranquilizarse porque el suministro de alimento ya no depende de ella -además, las obreras se encargan también del cuidado del nido- y puede dedicarse exclusivamente a la reproducción”, señala la bióloga. Y bromea: “No es una mantenida, como la reina melífera. Su trabajo es muy arduo”.
Hacia el final de la temporada de búsqueda de alimento, sobre el otoño, la producción de obreras cesa y es reemplazada por la producción de futuras reproductoras. Las reinas apareadas buscan un sitio para pasar el invierno, muere la colonia madre y todo vuelve a iniciarse: el ciclo de la vida.
En la naturaleza, un nido de abejorros puede albergar hasta 400 individuos, y todo comienza con una sola reina.
Muchas veces se pierde de vista que cerca del 90% de las plantas con flores del mundo dependen de la polinización animal para reproducirse y nos olvidamos de algo que es importantísimo: abejas y abejorros están en agonía. Las poblaciones de abejorros silvestres del género Bombus están en declive en todo el mundo. Más de una cuarta parte de los abejorros de América del Norte enfrentan algún grado de riesgo de extinción; mientras que las especies de ambientes árticos y alpinos ya pueden estar al borde de desaparecer, según estudios recientes.
Altas temperaturas y eventos climáticos extremos, degradación de hábitats naturales, uso extensivo de herbicidas, fungicidas e insecticidas, entre otros factores, amenazan su labor de polinización. Los abejorros son especialmente sensibles a estos factores, ya que pueden reducir su fertilidad e incluso alterar sus capacidades cognitivas.
Sheena Salvarrey explica: “Los golpes de calor afectan muchísimo a las reinas porque están preparadas para soportar bajas temperaturas. Ellas hibernan y, cuando están en el nido, las obreras termorregulan el ambiente, pero a veces es tanto el calor que no dan abasto”.
A esto se suman varios parásitos y virus. Y añadió otra “amenaza latente”: la posible introducción de abejorros foráneos que, al igual que otras especies exóticas invasoras, ocasionan daños al ambiente, a la salud o a la economía.