Crónica del show de El Puma Rodríguez en el Sodre: un adiós que sonó a lección y tuvo un insólito pedido

El cantante de "Agárrense de las manos" trajo su gira de despedida a Montevideo, y a los 82 años ofreció un espectáculo que invita a celebrar el presente. Dialogó con su público, bailó y dio lección.

Compartir esta noticia
puma rodriguez.jpg
José Luis "Puma" Rodríguez.
Foto: Leonardo Mainé.

"¡Tirá la toalla!”. El grito de una mujer, apenas uno de los tantos intentos por captar la atención deJosé Luis “Puma” Rodríguez de la forma más ingeniosa, irrumpe entre la multitud. La ocurrencia arranca risas y miradas cómplices. En las primeras filas, varias fanáticas con vinchas de luces intermitentes alzan las manos dispuestas a disputarse la ofrenda si llega a volar. Pero el artista, que acaba de secarse el sudor de la frente, las deja con las ganas. “¿Tirar la toalla? Eso nunca”, responde con una firmeza que desata una ovación. “He librado grandes batallas… y he vencido”, agrega, de sonrisa confiada.

Es el último domingo de marzo y el cantante, a sus 82 años, encara al público que agotó las entradas de su gira de despedida en Montevideo.

En la sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional del Sodre destacan las cartulinas con declaraciones de amor y vinchas con su nombre. Sentado en una banqueta, con esa voz sosegada pero decidida —la misma que lo convirtió en un galán de telenovelas—, se sobrepone a la avalancha de piropos. “Cristo me ha dado una chance más y vivo con dos pulmones prestados. Y eso es un milagro”, dice. “Tengo prohibido quejarme y prohibido olvidarme. Quejarme, ¿para qué? Si estoy aquí con ustedes”, remata, abriendo los brazos hacia la platea.

Entonces, le da paso a “Agradecido”, la canción que celebra su segunda vida, esa que comenzó en 2017 tras su doble trasplante de pulmón. “Agradecido por el tiempo, que ahora quiero aprovechar (...) / Por sus millones de oraciones, esta voz hoy vuelve a cantar”, entona, mientras lo ilumina una oleada de flashes.

puma rodriguez en el sodre.jpg
José Luis "Puma" Rodríguez en el Auditorio Nacional del Sodre.
Foto: Leonardo Mainé.

El concierto, más que una despedida, es una celebración del presente. No solo habla de la importancia de cuidar a la familia, a los amigos y a las parejas, sino que hace foco en la relación con uno mismo. “Todo en la vida tiene tiempo de caducidad. Nunca he visto un carro fúnebre con un camión de mudanza atrás. Entras solito y te vas solito”, comenta antes de lanzar un mensaje que, aunque habla de la fe, trasciende lo religioso. “Tenemos que ser felices, vivir en paz y esforzarnos cada día en ser mejores”, asegura.

Varias canciones del repertorio refuerzan la moraleja del show. “Los amigos”, que dedica al público uruguayo, es una de ellas, pero la más contundente es “Tengo derecho a ser feliz”, que convierte la frase en un coro entusiasta.

La canción, además, marca un punto de inflexión. Al principio se lo nota exigido. Al tercer tema, admite: “ Voy a seguir hasta donde el cuerpo me lo permita”. Más adelante explica que acaba de llegar desde Europa y apenas ha dormido. Pero hacia el final de “Tengo derecho a ser feliz”, el cansancio queda en segundo plano.

puma rodriguez en el auditorio.jpg
José Luis "Puma" Rodríguez en el Auditorio Nacional del Sodre.
Foto: Leonardo Mainé.

Entonces, Rodríguez se levanta de la banqueta donde ha permanecido casi todo el concierto, se quita el saco negro y se lo lanza a alguien de producción antes de ponerse a bailar con “Pavo real”, una de sus canciones más movidas. El público se pone de pie, lo sigue, y él la engancha con “Agárrense de las manos”, marcando el ritmo con los hombros y las caderas.

Eso sí, exigido o entusiasta, el artista no descuida a su público. Repasa clásicos como “Dueño de nada”, “Amante eterna, amante mía”, “De punta a punta” y “Culpable soy yo” acompañado por su quinteto. Saluda a la galería alta y los palcos, responde a los “Te amo” e incluso al reproche de una mujer que le reclama haberle “tirado besitos toda la noche” sin su respuesta. Al final le da el gusto.

Con su clásica melena, ahora canosa, y vestido de traje, Rodríguez sigue siendo el galán que cautiva al público con una mezcla de humor y picardía. “Tienen un espacio en mi corazón porque siempre me han recibido con este cariño y este amor”, dice. “¡Sos nuestro, Puma!”, le gritan desde la platea. “Ustedes son un manjar para cualquier artista”, remata.

En esos intercambios con el público, hay varios que arrancan carcajadas. Una mujer de 86 años le grita que quiere un hijo de él. Él, desconcertado, responde: “¿A los 86? ¡Ese sería un milagro impresionante!”. Entonces, cuando pregunta quiénes lo fueron a ver por primera vez, una mujer señala a su madre, también de 86. “De acá arriba parece de 20”, responde con picardía. Otra de 88 se levanta también y grita esperando su saludo del Puma.

En la platea se repite una escena. No son las madres las que filman a sus hijas emocionadas por un ídolo juvenil: es al revés. Son ellas, octogenarias, las que cantan con una sonrisa plena y la vincha del Puma encendida, mientras sus hijas registran el momento para compartirlo en el grupo de WhatsApp familiar. Es un instante que condensa el espíritu del concierto: cuando se trata de abrazar la alegría, nunca hay que tirar la toalla.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Puma Rodríguez

Te puede interesar

El primer entrenamiento de Magui Correa en México
0 seconds of 14 secondsVolume 90%
Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts
Próximo
Conferencia de prensa de Martín Ligüera - Atlético Nacional 3-0 Nacional
03:12
00:00
00:14
00:14