Raphael vuelve a Uruguay y antes charló con El País: "La mía es una historia de entrega"

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El cantante español Raphael.
El cantante español Raphael
Foto: Difusión

ENTREVISTA

Entrevista con una de las máximas estrellas de la canción española, que celebra 60 años de carrera y el 22 de marzo actuará en el Antel Arena

Al otro lado de la cámara, Raphael es todo lo que una puede imaginarse de Raphael. Tiene la melena oscura, lacia y apenas voluminosa; la camisa estampada, los ojos pequeños y brillantes y la sonrisa blanquísima, lista para aparecer a cada momento. La imagen se recorta sobre un fondo de discos, premios, reconocimientos, revistas, algunos portarretratos personales y hasta una foto junto al Papa Francisco. El rostro amable, el porte elegante y la habitación atiborrada, son el acumulado de 60 años de carrera profesional que hacen a uno de los grandes artistas pop de España.

Con 78 años de edad y seis décadas de carrera, conmemoradas con una gira, un disco de estudio (6.0) y otro sacado del corazón del tour (6.0 en concierto), el Niño de Linares confirma que el tiempo pasa pero la voluntad de trabajo queda. Asegura que en pleno confinamiento volvió a refugiarse en la música, su único escape, y en los 20 minutos que charla con El País refiere una y otra vez al público, su gran motor, su gran amor.

El 22 de marzo de 2022, Raphael volverá a encontrarse con los uruguayos en el recital que dará en el Antel Arena. Vendrá con Resinphónico, un despliegue en el que éxitos como “Escándalo”, “Mi gran noche”, “Como yo te amo” o “Yo soy aquel” se cruzan en un formato sinfónico y electrónico. Las entradas se pondrán a la venta próximamente a través de Tickantel.

Para 2022 tiene agendado, también, el estreno de una serie documental, Raphaelismo, en la que recorrerá una vida de hitos: figura de la balada romántica, divo de la canción popular y faro de generaciones y generaciones de artistas, es uno de los cantantes españoles que más álbumes ha vendido. “Es que un artista sin chispa...”, dice en esta videollamada. “No puede ser, en algún lado y de alguna forma tiene que tenerla. Si no, ¿qué hay ahí? Aquí hay que traspasar las candilejas”.

—¿Para qué le sirvió la pandemia más allá de para grabar canciones? ¿Qué trajo ese tiempo sin actividad?

—Se ha sufrido mucho. En mi caso, tengo la gran suerte de escaparme por la música. Los primeros tres meses fueron horrorosos, porque para hablar con mis hijos lo hacíamos por videollamada, para que nadie viniera a la casa. Hasta que a los tres meses dije: ¿pero por qué no grabo? Si yo voy a estar solo, con un micrófono adelante... Y creo que de las mejores cosas que he hecho en mi vida ha sido eso, grabar en tiempos de pandemia. Y después volví al escenario, y ahí ya seguimos p’alante.

—El año pasado, en medio de toda esta vorágine, lanzó el disco 6.0 en el que, al margen de Omara Portuondo, convocó a artistas de generaciones bastante más jóvenes que usted: Manuel Carrasco, Luis Fonsi, Natalia Lafourcade, Mon Laferte... ¿Qué se le impregna de ellos?

—A mí me gusta mucho trabajar con jóvenes, porque sin saberlo me enseñan nuevas cosas, y sobre todo cosas que no se deben de hacer. Claro, porque cuando voy a ver gente, voy a ver sus virtudes pero también los defectos. Entonces los veo y digo: “Eso no se puede hacer”, y entonces no lo hago. Me enseñan mucho, yo a ellos y ellos a mí.

—A esta altura cualquiera pensaría que usted ya tiene más que claro lo que no se debe hacer...

—No te creas. Más que antes sí, pero a veces hago una cosa y digo: “¡Leña, metedura de pata!” (Se ríe) Pero pesan más las cosas que se hacen bien.

—Pensaba también en lo que usted aportó a estas generaciones. En su momento representó un modelo de masculinidad que no era el más frecuente y que le valió sus motes de provocador, quizás. Y hoy es un modelo mucho más instalado en la escena internacional...

—(Interrumpe) Pero la verdad es que yo no he pensado nunca en esas cosas. Siempre he pensado profesionalmente y en cómo hacer las cosas mejor, siempre mejorar, nunca dar un traspié p’atrás. Y si he hecho una cosa mala, luego he tratado de evitarla para siempre. Yo creo que he tenido la edad del pavo, alguna vez la tuve y alguna metedura de pata habré tenido, pero normalmente es más la coherencia y mi saber estar y vender las cosas, sobre todo cantando, o actuando en cine o televisión, que las cosas malas que haya podido tener. Entonces estoy contento.

—Hablaba recién de lo que entrega cuando canta o actúa. Hace poco le leí una entrevista que era el intérprete ideal para cualquier compositor. ¿Por qué lo considera así?

—No sé si he dicho eso, pero podría haberlo hecho. Soy muy obediente, muy respetuoso con los compositores, jamás he pretendido quitarles su sitio. O sea, yo hice que Manuel Alejandro fuera el compositor más importante de ese siglo en la lengua española y sigue siendo quién es; lo nombro todo el día. Entonces soy el ideal en eso, no pretendo lucrarme con su trabajo. Porque por si no lo sabes, hay algunos artistas por ahí, sobre todo del pasado, que firman sus canciones cuando no las han hecho. Y yo respeto mucho al compositor, le doy su sitio. Y sus dineros también. No figuro para nada, yo simplemente soy su altavoz. Eso sí, cantar canto mejor que ellos.

—Y en cuanto a lograr contarle al público las canciones, desde la interpretación, ¿cuál es la clave?

—Es que yo no concibo las canciones de otra manera. Mi forma de hacer es contándolas, cantándolas contándolas. Y es importantísimo: quizás ahí esté la razón por la que soy tan querido y popular en muchos países que no hablan español. Porque aunque no entiendan mi idioma, me entienden a mí. Lo expresivo que soy es una baza a mi favor. Yo con las manos atadas no sabría cantar.

"Lo expresivo que soy es una baza a mi favor. Yo con las manos atadas no sabría cantar"

Raphael

—También le escuché decir hace poco: “No me exijan más porque no hay más”. ¿Cómo es subirse a los escenarios ahora, con la consciencia de que durante 60 años lo ha dado todo?

—Lo estoy dando en ese momento, y ya no puedo más. Ya déjenme hasta mañana por favor, mañana continuamos. (Se ríe) No, mi historia es una historia de entrega, de pasión por el público, y sé que soy correspondido. Y esa es una historia de amor maravillosa.

—¿Eso es lo que mantiene la chispa encendida, o hay algo más?

—No, con eso tengo bastante. Yo estoy todo el día pensando cómo voy a sorprenderles, porque quieras que no hay gente que me ha visto 200 veces y hasta más. Pues a esas personas pretendo seguir sorprendiéndolas. ¿Cómo? Estando en perfecto estado. Yo sé que cuando empiezo a cantar, la gente se da con el codo con el de al lado como diciendo: ¡Cómo está! (Se ríe) Se los estoy leyendo en la cara aunque no lo digan.

Raphael. Foto: Difusión
Raphael. Foto: Difusión

—¿Y cómo hace? Mick Jagger, por ejemplo, comparte rutinas de baile y muestra cómo se prepara para los conciertos. ¿Cómo lo hace Raphael?

—Ah, yo no. Yo bailo también, pero esas cosas me tienen que salir. Mi puesta en escena no se sabe de dónde sale. Yo no uso salas de ensayo como los bailarines, no tengo que coordinarme con nadie. Yo hago lo que me sale en ese momento y algunas veces estoy más inspirado que otras, pero siempre soy verdadero.

—Ya que en 2022 se presentará en el Antel Arena, cuénteme de su relación con Uruguay. ¿Qué recuerdos tiene?

—Ah, mis recuerdos con Uruguay son muy buenos. Y hasta una vez me acuerdo que llegué al Teatro Solís, había perdido el avión, llegué tarde, pero aparte de llegar yo tarde, la orquesta no llegó. Estaba el presidente, en este momento no recuerdo quién era porque me parece que fue hace 40 o 50 años, pero ahí tienes que fue un día de éxito inenarrable, y de esto pongo por testigo a todos. Porque yo salí al escenario y dije: “Señores, no puedo cantar porque no tengo orquesta. Pero si quieren...” Y me puse a cantar a capella, ¡y estuve lo que estuve cantando a capella! Y fue un éxito impresionante. Si me llegan a decir que me va a pasar eso, no voy.

—Ahora volverá con el espectáculo Resinphónico. ¿Qué es lo que más disfruta de este formato?

—La fuerza que tiene. El “Re” quiere decir muchas cosas. Yo ya había hecho un disco sinfónico, pero un “re” es algo más, un plus. En Sinphónico faltaba un plus como una catedral de grande. No me preguntes qué, porque no lo sé, pero en el escenario me faltaba ese plus. Y (el productor y arreglador Lucas) Vidal entendió, hizo un disco sinfónico electrónico, y ese es el “re”. Y en persona suena a morir de bien. Si yo tengo un disco que pasará al más allá, es ese: Resinphónico.

—Da la sensación de que su carrera siempre va por un “re”, un algo más.

—¡Es que tiene que ser así! Si no, es muy aburrida. Hay que estar siempre en la cuerda floja.

—En la canción “Volveré a nacer”, del disco homónimo de 1972, cantaba: “Pasé de la niñez a la garganta, para cantar canciones como esta, para cantar canciones de mi alma”. Si no hubiese aparecido el arte, el camino del artista, ¿qué hubiese sido de Raphael?

—¡Un desastre! Una vida... (Piensa) Un desastre, dejémoslo ahí. No hubiera conocido a mi mujer, no tendría los hijos que tengo, el público que tengo... Un desastre.

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