La joven actriz uruguaya que presentó al personaje de Mirtha Legrand en "La dueña" se formó en El Galpón. Ya pisó las más importantes tablas porteñas y este año logró su primer Florencio Sánchez argentino.
A sus 31 años, Maia Francia acaba de ganar como revelación femenina el Florencio Sánchez argentino por Otros gritos de Patricia Suárez, María Rosa Pfeiffer y Laura Coton y en el mismo rubro pero por su actuación en Los invertidos de José González Castillo, bajo la dirección de Mariano Dossena, está nominada en los Premios Trinidad Guevara que el Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires entrega a fines de junio. Agasajo merecido, "mimos en el alma", según sus propias palabras, que no son fruto de la magia del medio porteño sino del tesón de una laboriosa uruguaya que se sigue abriendo camino. En Uruguay participó de diez puestas en escena y desde que llegó a Buenos Aires, ha estado en quince obras, de las cuales Yerma -un García Lorca bajo el tamiz de Daniel Suárez Marzal- está actualmente en cartel en una de las salas más bonitas de la capital argentina, la María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes. Es el puntapié inicial de un año que ya la tiene ensayando otras tres puestas: La tormenta del ruso Aleksandr Ostrovsky; Golpes a mi puerta del reconocido dramaturgo y actor argentino fallecido el 31 de enero de 2011, Juan Carlos Gené; y La Storni del joven autor y director argentino Matías Catopodis, su "compañero de la vida" y con quien tiene en etapa de posproducción de su primer largo de ficción en cine ¿Qué te pasa?
No es extraño que sin casting mediante la convocaran para participar del primer capítulo de La dueña. El trato con la ahora exdiva de los almuerzos "fue muy agradable y de generosidad" y le "permitió participar de una superproducción". De hecho, fue su primera experiencia en TV y formó parte de todos los tráilers de promoción de la tira, "un mano a mano con Mirtha Legrand" en la que el personaje de Sofía Ponte deja bien claro quién es la jefa ante una de sus empleadas. "De alguna forma mi personaje presenta al de la señora Legrand. Fue un lindo desafío, no todos los días se tiene la posibilidad de trabajar con Mirtha que no sólo hacía más de 40 años que no trabajaba en ficción sino que es toda una institución, una profesional, una persona que se para ante una cámara como si estuviera en el living de su casa y por lo tanto también me dediqué a observar a una figura de raza del medio televisivo", contó a El País la actriz, que además es licenciada en Comunicación Social especializada en creación audiovisual por la Universidad Católica uruguaya.
COSECHA. Maia describe su actual etapa como "de plenitud". Se trata de la cosecha de su primera siembra luego de que mucha agua corriera por ese Río de la Plata que la vio ir y venir cada vez con menor asiduidad, pero no sin nostalgia, debido a los compromisos. En 2006 abandonó el elenco de El Galpón -donde se formó- y llevada por su "intuición" decidió instalarse en Buenos Aires. En aquel momento el azar quiso que compartiera ese viaje en barco con China Zorrilla, con quien -contó a El País- compartió una charla en la que los miedos y la esperanza del porvenir se entrelazaron. "Vine buscando, entre otras cosas, a entrenar con un maestro que hoy puedo decir que agradezco a mi intuición porque se ha convertido en el gran maestro de la vida, Juan Carlos Gené".
Ingresar al Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral que dirigía Gené no fue fácil. Pero en 2009 él la invitó incluso para ser su coprotagonista en Minetti, de Thomas Bernhard, lo que representó "una bisagra" en su carrera. La llamó para participar de una de las entrevistas "más interesantes y tensas" de su vida. "Yo llegaba con muchas inquietudes pero todavía no las había macerado y él hacía preguntas muy concretas", dice emocionada. "Estaba en Uruguay y la noticia de su muerte me devastó porque se convirtió en un padre para mí, en un amigo, en un sostén. Estoy tratando de conciliarme y abrazar de alguna manera su presencia que va a seguir estando en mí y que supera la ausencia física".
Para ella el cambio más grande fue pasar de ser parte de una institución prestigiosa como El Galpón a la soledad absoluta. "Ser yo con mis herramientas tratando de hacer mi propio camino en un medio inmenso", comenta y recuerda sus primeras audiciones. "En Uruguay nunca había audicionado, formaba parte de un elenco estable", explica y agrega que se trata de instancias "muy duras" a las que ahora defiende porque "te mantiene en un training interesante". El primer escenario argentino que pisó fue el del Teatro San Martín con un rol pequeño en Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, dirigida por Sergio Renán. "Fue la etapa donde me sentí una esponja tratando de ver y de estar a la altura de los colegas con los que tenía el privilegio de compartir escena, como eran Luis Brandoni, Alberto Segado, Pepe Novoa, Horacio Peña", dice quien se sintió "rodeada de gigantes" a los que admira. "Eso que podría paralizar, lo que hizo fue estimularme constantemente y me ha dado mucha fortaleza", afirma.