El uruguayo que atravesó el país como un ave y rompió varios récords

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Joaquín Stable parapente

HISTORIAS

Joaquín Stable recorrió de Mercedes hasta Melo en parapente; tiene varios récords nacionales y dejó al país bien posicionado

Joaquín Stable salió medio dormido hacia Plaza Cuba a las 5:30 de la mañana. Tenía que tomar un ómnibus a Mercedes. Y, en ese momento, mientras que reclinaba el asiento para ver si podía dormir un poco más, no tenía ni idea en dónde iba a terminar a las 20:37 de ese mismo día ni lo que estaba a horas de conseguir. Ese jueves de enero, con un cielo que tenía “de esas nubes esponjosas de verano”, este deportista marcó un récord nacional que lo puso en el panorama internacional más alto en la disciplina de vuelo en parapente a distancia o cross country. Ese jueves despegó de un campo de Mercedes y voló por 418,21 kilómetros para aterrizar entre Río Branco y Melo. Estuvo 8 horas y 59 minutos en el aire. Atravesó el mapa.

“Una marca que rivaliza con los mejores vuelos que llegan a hacerse en el nordeste de Brasil y que pulverizó el récord de Uruguay y de todo el subcontinente austral”, publicó una revista española especializada sobre las distintas modalidades: parapente, ala delta, speeflying, paramotor, acrobacias y cross country.

Acá, donde funciona una pequeña comunidad de instructores y atletas y donde cada temporada crece un poco más el interés en el deporte, la noticia pasó desapercibida. Pero no en el exterior. “Pilotos europeos con muchos años de trayectoria nunca habían pasado los 400 kilómetros y preguntaban qué es Uruguay”, bromeó Stable. La marca le valió invitaciones para volar en Francia y en Brasil donde, ahora, está el récord mundial: unas decenas de kilómetros más.

Joaquín Stable parapente
Joaquín Stable

“La competencia es con uno mismo. Siempre hay una persona que sitúa la vara pero uno tiene que ir generando el proceso de aprendizaje de pilotaje”, dijo.

Ese récord no es el único de Stable, oriundo de Tarariras pero habitante de Montevideo. También tiene la mejor marca de vuelo en triángulo, es decir, cuando se sale de un punto y se aterriza en el mismo lugar, una maniobra difícil de ejecutar porque al regresar se tiene el viento en contra. Pero lo hizo: recorrió 130 kilómetros.

Como salir en moto en pleno invierno.

En un vuelo donde importa la distancia no hay chance de aterrizar, por lo que el deportista tiene que llevar agua y algún alimento como barritas de cereales para soportar jornadas que pueden llegar hasta las nueve horas. También se lleva algún implemento para orinar y se colocan catéteres para cumplir con esa función. Además, carga con una radio para pedir rescate y un instrumento para saber la altitud. A más de 2.000 o 3.000 metros de altura no hay problemas de oxigenación, pero sí se siente el frío. “Tenés un cobertor y tenés que llevar guantes y campera porque son muchas horas sentado. La temperatura desciende a un grado cada 100 o 150 metros y a eso sumale que estás sentado aguantando el viento en contra. Es como salir un día de invierno a andar en moto”, contó Joaquín Stable.

La travesía: de Mercedes a Melo

Aquí vienen algunas explicaciones de física. La tela del paramente actúa como una vela por lo que se planea gracias al impulso del viento. “Imitamos el vuelo de un ave. Las que van de un lado a otro del mundo no lo hacen siempre aleteando sino que van surcando corrientes que les permiten mantener altura y lograr grandes distancias”, explicó Stable.

El vuelo puede ser dinámico o térmico. El primero es el que se realiza en una ladera –su primera experiencia fue de este tipo en Punta Ballena–; el segundo depende de las corriente de aire caliente ascendentes por las que la vela gana altitud. Saber encontrarlas y aprovecharlas es uno de los puntos más importantes de una travesía.

Joaquín Stable parapente
Joaquín Stable

Stable quería probar con el paracaidismo pero, al final, nunca lo intentó. Se enamoró de volar como ave migratoria. Hace unos ocho años, más o menos, empezó con vuelos de 20 a 30 minutos y fue adquiriendo conocimientos y confianza. En ese entonces, el récord nacional de cross country no pasaba los 180 kilómetros. En 2017 rompió la barrera de los 100 kilómetros tras siete horas en el aire –“entré en el selecto club de los 100 kilómetros de distancia”, ostentó– y aprendió a volar más lejos y más rápido.

Así llegó el día en el que despertador sonó temprano. Armó el bolso, agarró el equipo, se tomó el ómnibus en Plaza Cuba, se sujetó a un torno en un lugar de Mercedes que lo elevó hasta que se soltó y empezó a volar. Iba con un amigo, Ángel, porque es más fácil encontrar las corrientes ascendentes entre dos. El récord estaba en los 283 kilómetros y se conformaban con llegar a los 300 kilómetros. Stable casi no llega. “Perdí la concentración y llegué a perder muchísima altura. Llegué a estar a 200 metros del piso y a esa altura ya estás en modo de aterrizaje. Ángel estaba a más de 2.000 metros, en la base de la nube, y yo le insistí que siguiera porque estábamos muy cerca de la marca de los 300 kilómetros”, relató.

Pero la naturaleza se puso a su favor. Casi en el piso encontró una corriente ascendente que lo llevó a 2.400 metros del suelo y permitió continuar la travesía. Y la suerte que consiguió, la perdió Ángel, quien debió aterrizar a los 316 kilómetros del despegue en Mercedes. “Me incitó por la radio que siguiera, que no tenía sentido que aterrizara por él. Era un poco más allá de las 7 de la tarde y el aire caliente me permite seguir avanzando hasta las 8:37 y alcanzar los 418,21 kilómetros. Ya se estaba yendo el sol y no pude sacarle ni una foto al atardecer”, recordó.

Durante todo 2021, Stable voló 2.300 kilómetros en 86 horas. Este 2022 no ha podido volar tanto porque hubo muchos días de lluvia. Después del récord, lo más lejos que llegó fue a los 315 kilómetros. Él sabe lo que hizo: “Dejé la vara realmente alta”.

Los mejores lugares para despegar en el interior.

Hay varios lugares en el país que son considerados como las mejores “rampas de despegue” para un vuelo dinámico. Maldonado tiene 15 de estas: Las Grutas, Casapueblo, Jardines de Portezuelo, Cerro Negro, tres puntos en Sierra de los Caracole, Pan de Azúcar, El Betete, Las Ánimas, Cerro Tupambaé, Cerro Espina, Cerro del Toro, Cerro San Antonio y Parque Arboretum Lussich. También hay en Maldonado, Lavalleja, Rocha, San José, Treinta y Tres y Rivera. Para vuelos térmicos, las posibilidades para el despegue son infinitas porque se precisa un torno, es decir, un motor que remolca al deportista hasta alcanzar la altitud deseada (entre 300 a 1.000 metros).

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